“Se levanta en la faz de la tierra una nueva y
gloriosa nación...” reza nuestro himno
nacional. Saber que la nación es producto de un proceso mucho más tortuoso que
el así descripto no les resta sentido a estos versos, al contrario, lo
acrecienta. Es parte de la estrategia (por así llamarla) tendiente,
precisamente, a conformar un sentimiento de pertenencia funcional a la creación
de una nación. Porque una nación se necesitaba.
La larga espera anárquica
Con el fin de la dominación colonial española, América Latina se
fragmenta políticamente. El poder que ostentaba la metrópoli no es reemplazado
inmediatamente por otro (sea impuesto o aceptado) sino que son varios los
grupos o sectores que se arrogan ese designio. Pero todos carecen de una razón
trascendente a sus intereses por la cual renunciar a los mismos o resignarlos
en parte. Por lo tanto, los conflictos de este origen se alargan y se agudizan.
En este periodo denominado por
Halperin Donghi como la “larga espera”(1) el poder efectivo más
que en un gobierno constituido (aunque en lo formal lo hubiera) residía en los
caudillos regionales y los terratenientes. La hacienda, la estancia y la
plantación eran unidades políticas, económicas y sociales que se van a mantener
y van a subsistir en esta situación tan anárquica.
Cada caso particular tiene sus singularidades, pero con excepción de Brasil
y Chile la anarquía fue la característica preponderante en América Latina.
Porque no sólo se trataba de cuestiones económicas, o diferencias entre el
sector urbano y el rural, también tenían su peso los antagonismos étnicos. En
Venezuela y Méjico, las guerras de independencia fueron tomadas como guerras de
castas. Guerras entre blancos y no blancos, más allá de si eran españoles o
criollos, o de las ideas que detentaban (liberal, conservador).
¿Cómo se pasa de esta anarquía a la conformación de un Estado
Nacional?
Estado, ideología y clase dominante
Primero que nada, me parece pertinente definir “Estado” como el
instrumento a través del cual la clase (o clases*) dominante impone
sus intereses. En este sentido, no sólo es un aparato burocrático, administrativo y represivo, es
también ideológico. En este último aspecto se encuentra una de las
explicaciones respecto de la necesidad de los estados latinoamericanos
nacientes de sustraer a la Iglesia tareas tales como la educación. Como señala
Althusser(2), la Escuela es uno de los aparatos ideológicos de Estado más
relevantes.
Por ideología entiendo la relación imaginaria de los individuos con
sus condiciones objetivas de existencia. La ideología dominante es aquella que
se impone de manera tal que el individuo interpreta su realidad según los
preceptos de ésta, con independencia de su pertenencia a una clase o ubicación
social.
Considero importante estas definiciones puesto que los Estados
Nacionales sólo se consolidarán en la medida en que logren imponer su
ideología. El poder no se mantiene con la pura coerción o represión de hecho.
Es más, su empleo sistemático suele general reacciones todavía más tenaces en
la oposición.
* En tanto y en cuanto la base
social que sustenta el poder se agranda, es peligroso hablar de una clase
social con exclusividad. Si son burgueses, hacendados, plantadores, mineros, comerciantes
quienes intervendrán en lo que se denomina Estado oligárquico, está claro que
hablar de una clase es un error conceptual. No obstante lo cual, el rol del
estado como instrumento de dominación permanece.
La oligarquía exportadora; surge el Estado
Ahora bien, la pregunta que debo
responder es cuál fue en América Latina esa clase dominante que procuraría
imponer su ideología. Al respecto citaré a Pedro Pirez; “Durante los años posteriores a las guerras de independencia, los
principales sectores propietarios se debatieron en luchas y guerras civiles
tratando de imponer su proyecto de sociedad.” “La lucha principal se realizó
entre los sectores que identificaban sus intereses con el desarrollo del
mercado exterior y los que lo hacían con el mercado interno.” “Como la
correlación de fuerzas estuvo a favor de los sectores vinculados al desarrollo
externo y de la constitución de una alianza con su hegemonía, ésta fue la
condición política para el proceso económico en que se embarcaron casi todas
las sociedades de la región.”(3)
América Latina se inserta en el
mundo capitalista como exportadora de materias primas y alimentos. Los sectores
vinculados a su producción prosperaron económicamente, obteniendo así la
posibilidad de someter a sus opositores más rebeldes y asociaron a los más
conciliadores. Por supuesto que no fue de la noche a la mañana, y tuvieron que
soportar crisis cíclicas inherentes al sistema, pero por fin, hacia mediados
del siglo XIX, comienza a insinuarse un verdadero poder central. Puntualmente
señala Halperin Donghi “...en Argentina,
donde los ingresos del Gobierno central provenían tradicionalmente de rentas
aduaneras dependientes del comercio ultramarino, fueron los préstamos europeos
los que hicieron más fácil el triunfo de
ese gobierno contra las resistencias provinciales:...”(4) Y esta claro que los préstamos no
se los dan a los indigentes sino a aquellos que tienen potencial de pago, el
cual, en este caso, se acrecienta como resultado de la orientación
internacional adoptada.
Dice Halperin Donghi; “ La consolidación de un nuevo orden
latinoamericano comenzó a producirse sobre todo desde que la relación con las
zonas económicas metropolitanas comenzó a cambiar;... Gracias a él pudo ésta
cumplir las funciones que desde la emancipación se esperaban vanamente de ella:
no solo iba a proporcionar un mercado para la producción tradicional
latinoamericana, sino a ofrecerlo para un conjunto de producciones nuevas a la
vez que ampliaba su capacidad de absorción de los frutos de las tradicionales;
por añadidura iba a ofrecer los capitales que eran necesarios para una
modernización de la economía latinoamericana(5). Para este cambio por supuesto es gravitante la
Revolución Industrial que se da en Europa, principalmente en Inglaterra, la
cual genera avidez por nuevos mercados y materias primas (si bien la misma se
inicia en el siglo anterior, a la sazón está en expansión).
Se da así lo que el citado autor
denomina “El nuevo pacto colonial”. Las nuevas funciones de América latina en
la economía mundial son facilitadas por la adopción de políticas
librecambistas, que viene en rigor de antes pero se afirma en casi todas partes
(6) .
A propósito de la ideología, es
interesante lo que señala Halperin Donghi acerca de que los sectores urbanos en
expansión a menudo se impacientaban por el monopolio político de las oligarquías
exportadoras, y sin embargo coincidían con los grupos localmente dominantes en
apoyar las líneas fundamentales de la transformación. Algo que a mí se me
ocurre semejante a lo que se dio en Argentina en 1999, cuando la oposición(Alianza)
cuestionaba al gobierno, pero no cuestionaba el orden
económico(Convertibilidad). Escribe Halperin Donghi “Si ... examinamos lo realizado por los movimientos antioligárquicos en
las ocasiones en las que contaron con el poder político,... ;en los rasgos
básicos de la estructura económico-social que hallan no introducen
modificaciones importantes.(7) Lo que molesta no es el orden en sí mismo, sino la situación
privilegiada de la oligarquía en ese orden.
Este proceso económico tuvo una
peculiaridad que perdura hasta nuestros días. Los gobiernos tomaron préstamos
extranjeros. Primero para la mencionada modernización (redes ferroviarias y telegráficas), luego
sistemáticamente para atender gastos ordinarios. Al respecto dice Halperin
Donghi; “Unos países endeudados que
necesitan de nuevos créditos de la plaza de Londres para cubrir deudas de los
anteriores son espontáneamente sensibles a los puntos de vista de la metrópoli
financiera. Esta necesidad objetiva es aceptada sin demasiada resistencia por
la opinión pública latinoamericana.” “..., la Inglaterra victoriana contaba con
la adhesión de todos cuantos aceptaban los rasgos esenciales de la
modernización en curso; y estos el entero espectro político, desde los
generales dispuestos a compensar con rápidos progresos materiales la
desaparición de la libertad política..., hasta las oligarquías que prosperaban
con las exportaciones y los sectores medios urbanos que creen estar colaborando
en la construcción de un remedo latinoamericano de la Europa burguesa(8).
El nuevo orden que da más dinero
al Estado le permite pagar mejor a sus empleados y aumentar su número.
Fortaleciendo así el aparato burocrático, pero además, subsidiariamente,
permite una expansión del pequeño y mediano comercio. Esto hace posible algunas
actividades industriales orientadas hacia ese mercado local.
Orden y progreso
Oscar Oszlak refiere la necesidad
de cuatro atributos para que un Estado se constituya como tal(9).
(1) Externalizar su poder; esta
cualidad se vincula con el reconocimiento de una unidad soberana dentro de un
sistema de relaciones interestatales, cuya integridad es garantizada por otras
unidades similares ya existentes. La gran mayoría de los países
latinoamericanos adquirió el formal reconocimiento externo de su soberanía,
producto del desenlace de las luchas de emancipación nacional.
(2)Institucionalizar su
autoridad; implica la imposición de una estructura de relaciones de poder capaz
de ejercer un monopolio sobre los medios organizados de coerción. Esto mantiene
correlación con el fin de la anarquía.
(3)Diferenciar su control; la
emergencia de un conjunto funcionalmente diferenciado de instituciones públicas
relativamente autónomas respecto de la sociedad civil, con reconocida capacidad
para extraer de su contexto, con cierto grado de profesionalización de sus
funcionarios y cierta medida de control centralizado sobre sus múltiples
actividades. El estado organiza y amplia
su aparato burocrático jurídico administrativo en la medida en que cuenta con
recursos necesarios.
(4) Internalizar una identidad
colectiva; cualidad consistente en la capacidad de emitir desde el estado los
símbolos que refuercen los sentimientos de pertenencia y solidaridad social,
como componentes ideales de la nacionalidad y aseguren, por lo tanto, el
control ideológico de la dominación.
Es para la adquisición de este
cuarto atributo donde entran en juego los aparatos ideológicos de Estado. A
través de la escuela, los medios de información, la literatura, etc. se difunde
la ideología dominante. El poder necesita de cierta legitimidad para no
propiciar conflictos permanentes entre gobernantes y gobernados. Generar la
idea de Nación, y con esta la de pertenencia, permite afianzar el presupuesto
de que existe un bien general por sobre el particular. Todos, sin importar su
condición social, se sienten partícipes de algo más grande que su propia
existencia, y que abarca a ésta.
La legitimidad del orden
imperante deviene, entonces, de considerarlo condición necesaria para que eso
superior, ese algo más grande, no peligre. Por lo tanto, si bien no
necesariamente habrá un acuerdo total, se tolera, porque se entiende que otra
es la prioridad, y porque además, es difícil encontrar alternativas.
La exaltación de las gestas
históricas, como el 5 de mayo en Méjico (cuando vencieron a los franceses en
Puebla), de los héroes, como el mito bolivariano en Venezuela, (que como
escribe Carrera Damas se ha utiliza do para justificar todo tipo de medidas de
gobierno(10)) tiene como finalidad que los hombres y mujeres de un país se
sientan herederos de un abnegado esfuerzo, del cual, es su deber moral, deben
ser continuadores sin importar cuanto sacrificio personal les demande. “Sean eternos los laureles que supimos
conseguir” cantamos, aunque seamos hijos o nietos de inmigrantes, o
descendientes de los “primitivos” sometidos, porque igual somos herederos de
esa nueva y gloriosa nación.
Asimismo, quienes dominan (antes
y ahora), deben justificar por que son ellos los encargados de dirigir la
“empresa Nacional” y no otros. En la etapa de consolidación del estado el
positivismo les brindó una valiosa herramienta. Ya no era una cuestión de
opiniones o pareceres, era la ciencia misma la que los avalaba. Se pudo hablar
sin pudor de la existencia de razas superiores e inferiores (como lo describen
Ansaldi y Funes en “Cuestión de piel”(11)). Una forma eficaz de
contrarrestar el miedo a la “pardocracia” al que alude Bolivar en la Carta de Jamaica.
El orden se interpreta como
condición para el progreso, hacia el que las voluntades comulgan. Solo si
impera el orden el progreso se cristalizara beneficiando a todos (la teoría
económica del derrame no es nueva
precisamente). El orden a su vez se reinterpreta como civilización, en nombre
de la cual se consuma un genocidio y se procura la “anulación cultural” de los
primeros habitantes de América llamados indígenas(12), y de todo aquel que no
se adecua a los cánones del habitante
“civilizado”(13).
La última década del siglo XIX
surgen los primeros movimientos políticos que recusan la dirección de la elite
tradicional. Mayormente con base en los sectores medios urbanos. Pero, como ya
se mencionó, no pretenden un cambio radical, sino acceder a los privilegios de
los cuales están marginados.
Para entender mejor cómo una
minoría acapara el poder relegando a la mayoría, es necesario (aunque no
suficiente) observar y analizar nuestra actualidad. Por antipático que nos
resulte, debemos admitir que la ideología dominante nos dicta que cada hombre
con su esfuerzo y capacidad puede ascender en la escala social. Que el trabajo
es “dignidad”, sin importar las indignas condiciones de trabajo. Que todo
hombre está en condiciones de elegir y ser elegido para cargos públicos. Que esto que tenemos es “democracia”, y
defenderla es motivo para tolerar una vetusta clase dirigente que sólo tiene
habilidad para transar y mantener su porción de poder. Etc., etc. Si hasta se
las ingenian para “vender” que los gobernantes actuales no tienen relación con
quienes gobernaron en la década pasada. Cuando un jubilado vitupera a los
docentes por pedir aumento, puesto que éstos a su juicio trabajan muy poco,
vemos claramente como la ideología dominante hizo carne en él. La relación
imaginaria que mantiene con sus condiciones reales de existencia ha sido
forjada, en buena medida, en función de intereses que no le son propios.
Por otra parte, al leer que el
estado oligárquico se preocupaba por cuidar las formas en lo referente a la
elección de representantes, y que se manejaban con clientelismo (coronelismo en
Brasil, caciquismo en Méjico, gamonalismo en Perú), no sé, me suena tan
actual... Pero puede que sólo sea mi
imaginación y de eso no se trata este trabajo.
Méjico y Brasil
En 1822 Iturbide se proclama
emperador de Méjico y Pedro I hace lo propio en Brasil. Pero, mientras que el
primer caso es susceptible de ser calificado como mera veleidad, en el segundo
lo sostienen sólidos fundamentos. Brasil ya estaba organizado como un imperio,
Méjico ni siquiera estaba organizado. De hecho lo que hoy se conoce como Méjico
es apenas un tercio de lo que fue el Virreinato de Nueva España. No pudo
mantener la unidad luego de la emancipación, algo que sí logró Brasil (pese a
que originalmente, lo que serían sus estados, eran regiones con mayor
vinculación con Portugal que entre sí.).
Río de Janeiro se convierte en
capital del imperio portugués cuando el rey de Portugal es trasladado allí
escapando de las tropas napoleónicas. Luego, cuando el monarca regresa a
Europa, deja a su hijo Pedro como responsable. Este es quien declara la
independencia de Brasil (Grito do Ipiringa).
Luego de la guerra con Argentina,
que deriva en la independencia de Uruguay, Pedro I abdica a favor de su hijo,
que es menor de edad. En este, el
periodo de la regencia por la minoridad del heredero al trono, se suscitan algunos conflictos. Sin embargo fueron
superados y Pedro II gobierna desde 1840 hasta1889. Lejos de una estabilidad
semejante estaba Méjico.
Durante el gobierno de Benito
Juárez, Méjico es invadido por Francia. Maximiliano de Hasburgo es nombrado
emperador. La Iglesia y los grupos conservadores, opuestos a Juárez, celebran
el advenimiento del enviado de Napoleón III. La Iglesia porque una de las
medidas de Juárez para recaudar fue expropiarla, quitarle sus tierras, y
restarle preponderacia en cuestiones tan relevantes como la educación (por
motivos ya expuestos).
Cuando EEUU termina su guerra
civil, ayuda a Juárez a derrotar a Maximiliano. Además éste pierde el apoyo de
Francia. No obstante el triunfo, todavía
no llega la organización y el “orden” anhelado. Recién con Porfirio Díaz, que
derroca a Lerdo de Tejada (el sucesor de Juárez), comienza a consolidarse un
poder central en Méjico. Pero no es un poder institucionalizado. En términos
weberianos es más una dominación carismática que legal.
Porfirio Díaz se erige como el
mediador que resuelve las disputas entre
los diferentes intereses contrapuestos. Su política conciliadora permite que la
exclusión política no se traduzca en exclusión económica. Se permite a todos
(hacendados, plantadores, comerciantes) prosperar, aunque se le niegue
participación política. Es más, va a respetar a los poderes locales siempre y
cuando éstos lo reconozcan a él como superior. Podría decirse que en el caso de
Méjico la “Larga espera”, que comienza con el protagonismo de Santa Ana como
caudillo, tras la veleidad de Iturbide, culmina con Pofidio Díaz.
Tanto Méjico como Brasil
articulan su economía en función de la exportación. En Brasil el producto
preponderante será el café (su producción comienza alrededor de 1870 y en 1885
cubría el 62,2 % de las exportaciones). Méjico en cambio no está limitado en
ese sentido( azúcar, henequén, café, etc.) y su producción se orienta
básicamente hacia los EE UU, país con el cual mantiene estrecha relación.
El tema central en Méjico es “la
tierra”, su propiedad. Las primeras medidas liberales al respecto fueron
expropiación a la Iglesia y a las comunidades indígenas. La idea era terminar
con los latifundios y favorecer el establecimiento de “farmers”, pequeños propietarios. Pero esto
nunca se termina de concretar, o se hace de tal modo que esos propietarios se
ven obligados a seguir trabajando para la hacienda.
La “tierra” se convierte en
elemento político para movilizar voluntades. Con diferentes matices, siempre
subyace la promesa de otorgar tierras a cambio de apoyo político y/o militar.
En el Plan de San Luís de Potosí, Madero(representante de una burguesía agraria
e industrial marginada por el porfirismo) para oponerse a Díaz reclama elección
efectiva y no reelección, pero para obtener mayor fuerza incluye el tema de la
tierra. En un país donde más del 80% de la población depende de la agricultura
no podía soslayarlo. Otro tanto procuran con el plan de Ayala quienes se oponen
a Madero luego de ser sus aliados en contra de Porfirio (Zapata, Villa). Pero el
Plan de Ayala es radicalmente diferente; la proclama de Madero proponía revisar
todos los títulos, o sea, primero debía probarse la apropiación ilegítima. El
plan de Ayala propone primero expropiar, y luego averiguar. Lo importarte es
ver que estos enfrentamientos no eran resultado de reivindicaciones populares.
Cuando se cuestiona a Porfirio Díaz primero, a Madero después, lo que se
pretende es alcanzar un mayor grado de participación política. Si, por ejemplo,
en Morelos la producción de azúcar de
las haciendas invadía las tierras de las
comunidades indígenas, no por eso se cuestiona al gobierno. Pero se utiliza ese
malestar, se le saca partido. Esto se ve en que una de las estrategias de
Carranza, para volcar el curso de la revolución a favor de los constitucionalistas
(Carranza, Obregón, Calles) es, precisamente, dejar obsoleto al Plan de Ayala
otorgando tierras. Siempre y cuando, claro está, se le retribuya con apoyo en
contra de sus opositores.
Por esa misa pretensión política
cae la monarquía en Brasil y se instaura la república en 1889. Señala Halperin
Donghi; Un golpe militar que no encontró
resistencia derribó en 1889 a la monarquía: el ejército y las elites políticas
del Brasil central, donde se estaba elaborando la expansión del café, eran los
beneficiarios principales del cambio institucional(14). La monarquía ya era una
institución caduca, carente de representación, tan prescindible como la
esclavitud (ambas instituciones coincidieron cronológicamente en apogeo y
decadencia, ante la pujanza de un capitalismo que había llegado para quedarse.
El ejército, que luego de la
guerra de la Triple Alianza comenzó a tomar mayor conciencia de sus propia
fuerzas, fue clave para el paso republicano. Oficiales formados en las ideas
positivistas propugnaron el cambio. Es el Estado de Río Grande do Sur el que
“rompe” el pacto oligárquico por el cual San Pablo y Minas Gerais excluían a
los demás estados o los incluían subordinadamente (pacto del café con leche).
Porque Río Grande do Sur tiene la mayor concentración del ejército, dado que
que está en la zona de conflico con Argentina, Uruguay y Paraguay.
El mariscal Deodoro de Fonseca se
convierte en el primer presidente de Brasil. En adelante la república
instaurada contará con la atenta tutela del ejército , y al menos hasta la
crisis del `29 la prosperidad del país estará vinculada principalmente a la
producción del café. Quizás lo más irónico en Brasil sea que las mismas ideas
positivistas que preconizan la abolición de la esclavitud sean las mismas que
luego justificaran la marginación de los libertos.
En el caso de Méjico, el ejército
no tendrá un rol destacado luego de la revolución. En 1923 se produce un levantamiento militar
contra el presidente Obregón, uno de los líderes de la revolución triunfante.
Obregón logra sofocar el levantamiento y ordena fusilar a los generales
responsables (y seguro alguno más también). A partir de entonces el ejército
queda subordinado al Estado. Por eso en Méjico, a diferencia de Brasil, no hubo
golpes de estado hasta ahora. No sólo por la implacable represión aplicada,
sino porque además hay una incorporación política de este ejército
en el que no quedan opositores.
Durante el gobierno de Obregón se
crean organismos oficiales que van a ser los encargados de hacer la distribución
de las tierras. Estos repartos ya no van a estar dados por caciques ni
hacendados ni gobiernos locales sino por un organismo oficial del estado
federal. Además a las comunidades no se les entregan títulos de propiedad, con
lo cual los tienen amenazadas con quitárselas. Conminándolos a no participar en
oposición alguna.
Esta política de tierras, la
mencionada subordinación del ejército, y la tutela de los EEUU garantizando el
poder estatuido (porque así cuida sus intereses en méjico, v.g. en lo referente
al petróleo), son pilares para la
consolidación del Estado en Méjico.
En cuanto a Brasil, aunque su
unidad y organización en comparación con Méjico fuera más rápida y menos
conflictiva, recién bien entrado el siglo XX suprime la posibilidad de que
sus estados tomen préstamos
internacionales por encima del poder federal, y que entre estados cobren
tarifas aduaneras o derechos de comercio.
Notas -
Bibliografía
(1) Halperin Donghi, Tulio: Historia
contemporánea de América Latina, Alianza, Madrid.
(2) Althusser, Louis; Ideología y aparatos
ideológicos de Estado. –Nueva visión – 1988
(3) Pirez, Pedro; Estado y configuración
espacial en el período de la organización nacional de América Latina.
(4) Halperin Donghi, Tulio: Historia
contemporánea de América Latina, Alianza, Mad pp. 193
(5) Idem; pp 189
(6) Idem pp.196
(7) Idem pp- 270
(8) Idem pp. 20
(9) Oszlak, Oscar; Formación del Estado en
América Latina: elementos teórico – metodológicos para su estudio – Estudios
Cedes – 1978 pp 12
(10)Carrera
Damas, Germán; “Simón Bolivar: Idologización e historiografía”; en Waldo
Ansaldi (Coordinador); Calidoscopio Latinoamericano. Imágenes históricas para
un debate vigente; Ariel Historia; Bs. As. 2004 pp. 327 - 336
(12)Mónica
Quijada; “De mitos nacionales, definiciones cívicas y clasificaciones grupales.
Los indígenas en la construcción nacional argentina, siglos XIX a XXI”; en
Idem pp. 425-447
(13)
Ángel G. Quintero Rivera; Los modales y el cuerpo. Clase, “raza” y género en la etiqueta de
baile”; en Idem pp.337- 354
(14)
Halperin Donghi, Tulio: Historia contemporánea de América Latina, Alianza, Mad
pp 248
Ansaldi,
Waldo y Funes, patricia; Formación, consolidación y reforma del Estado en
América Latina, una historia de trama compleja
Funes,
Patricia y Ansaldi, Waldo (compiladores): Teorías
de las revoluciones y revoluciones latinoamericanas, UDISHAL, Documento de
Trabajo/58, Serie II, Buenos Aires, 3ª edic., 1998. Edición en CD-ROM, Libros
Digitales, Serie del Nuevo Siglo, vol. 0/1, Buenos Aires, 2001
Roberts,
Bryan; Estado y Región en América Latina
Wells, H.G.;
Esquema de la Historia Univers