sábado, 16 de septiembre de 2017

¡Viva la Patria, auque no parezca!


 “Se levanta en la faz de la tierra una nueva y gloriosa nación...” reza nuestro himno nacional. Saber que la nación es producto de un proceso mucho más tortuoso que el así descripto no les resta sentido a estos versos, al contrario, lo acrecienta. Es parte de la estrategia (por así llamarla) tendiente, precisamente, a conformar un sentimiento de pertenencia funcional a la creación de una nación. Porque una nación se necesitaba.

 

La larga espera anárquica

 

Con el fin de la dominación colonial española, América Latina se fragmenta políticamente. El poder que ostentaba la metrópoli no es reemplazado inmediatamente por otro (sea impuesto o aceptado) sino que son varios los grupos o sectores que se arrogan ese designio. Pero todos carecen de una razón trascendente a sus intereses por la cual renunciar a los mismos o resignarlos en parte. Por lo tanto, los conflictos de este origen se alargan y se agudizan.

En este periodo denominado por Halperin Donghi como la “larga espera”(1) el poder efectivo más que en un gobierno constituido (aunque en lo formal lo hubiera) residía en los caudillos regionales y los terratenientes. La hacienda, la estancia y la plantación eran unidades políticas, económicas y sociales que se van a mantener y van a subsistir en esta situación tan anárquica.

Cada caso particular tiene sus singularidades, pero con excepción de Brasil y Chile la anarquía fue la característica preponderante en América Latina. Porque no sólo se trataba de cuestiones económicas, o diferencias entre el sector urbano y el rural, también tenían su peso los antagonismos étnicos. En Venezuela y Méjico, las guerras de independencia fueron tomadas como guerras de castas. Guerras entre blancos y no blancos, más allá de si eran españoles o criollos, o de las ideas que detentaban (liberal, conservador).

¿Cómo se pasa de esta anarquía a la conformación de un Estado Nacional?

Estado, ideología y clase dominante


Primero que nada, me parece pertinente definir “Estado” como el instrumento a través del cual la clase (o clases*) dominante impone sus intereses. En este sentido, no sólo es un aparato  burocrático, administrativo y represivo, es también ideológico. En este último aspecto se encuentra una de las explicaciones respecto de la necesidad de los estados latinoamericanos nacientes de sustraer a la Iglesia tareas tales como la educación. Como señala Althusser(2), la Escuela es uno de los aparatos ideológicos de Estado más relevantes.

Por ideología entiendo la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones objetivas de existencia. La ideología dominante es aquella que se impone de manera tal que el individuo interpreta su realidad según los preceptos de ésta, con independencia de su pertenencia a una clase o ubicación social.

Considero importante estas definiciones puesto que los Estados Nacionales sólo se consolidarán en la medida en que logren imponer su ideología. El poder no se mantiene con la pura coerción o represión de hecho. Es más, su empleo sistemático suele general reacciones todavía más tenaces en la oposición.

 

* En tanto y en cuanto la base social que sustenta el poder se agranda, es peligroso hablar de una clase social con exclusividad. Si son burgueses, hacendados, plantadores, mineros, comerciantes quienes intervendrán en lo que se denomina Estado oligárquico, está claro que hablar de una clase es un error conceptual. No obstante lo cual, el rol del estado como instrumento de dominación permanece.

 

La oligarquía exportadora; surge el Estado


 

Ahora bien, la pregunta que debo responder es cuál fue en América Latina esa clase dominante que procuraría imponer su ideología. Al respecto citaré a Pedro Pirez; “Durante los años posteriores a las guerras de independencia, los principales sectores propietarios se debatieron en luchas y guerras civiles tratando de imponer su proyecto de sociedad.” “La lucha principal se realizó entre los sectores que identificaban sus intereses con el desarrollo del mercado exterior y los que lo hacían con el mercado interno.” “Como la correlación de fuerzas estuvo a favor de los sectores vinculados al desarrollo externo y de la constitución de una alianza con su hegemonía, ésta fue la condición política para el proceso económico en que se embarcaron casi todas las sociedades de la región.”(3)


América Latina se inserta en el mundo capitalista como exportadora de materias primas y alimentos. Los sectores vinculados a su producción prosperaron económicamente, obteniendo así la posibilidad de someter a sus opositores más rebeldes y asociaron a los más conciliadores. Por supuesto que no fue de la noche a la mañana, y tuvieron que soportar crisis cíclicas inherentes al sistema, pero por fin, hacia mediados del siglo XIX, comienza a insinuarse un verdadero poder central. Puntualmente señala Halperin Donghi “...en Argentina, donde los ingresos del Gobierno central provenían tradicionalmente de rentas aduaneras dependientes del comercio ultramarino, fueron los préstamos europeos los que hicieron  más fácil el triunfo de ese gobierno contra las resistencias provinciales:...”(4) Y esta claro que los préstamos no se los dan a los indigentes sino a aquellos que tienen potencial de pago, el cual, en este caso, se acrecienta como resultado de la orientación internacional adoptada.

Dice Halperin Donghi; “ La consolidación de un nuevo orden latinoamericano comenzó a producirse sobre todo desde que la relación con las zonas económicas metropolitanas comenzó a cambiar;... Gracias a él pudo ésta cumplir las funciones que desde la emancipación se esperaban vanamente de ella: no solo iba a proporcionar un mercado para la producción tradicional latinoamericana, sino a ofrecerlo para un conjunto de producciones nuevas a la vez que ampliaba su capacidad de absorción de los frutos de las tradicionales; por añadidura iba a ofrecer los capitales que eran necesarios para una modernización de la economía latinoamericana(5). Para  este cambio por supuesto es gravitante la Revolución Industrial que se da en Europa, principalmente en Inglaterra, la cual genera avidez por nuevos mercados y materias primas (si bien la misma se inicia en el siglo anterior, a la sazón está en expansión).

Se da así lo que el citado autor denomina “El nuevo pacto colonial”. Las nuevas funciones de América latina en la economía mundial son facilitadas por la adopción de políticas librecambistas, que viene en rigor de antes pero se afirma en casi todas partes (6) .

A propósito de la ideología, es interesante lo que señala Halperin Donghi acerca de que los sectores urbanos en expansión a menudo se impacientaban por el monopolio político de las oligarquías exportadoras, y sin embargo coincidían con los grupos localmente dominantes en apoyar las líneas fundamentales de la transformación. Algo que a mí se me ocurre semejante a lo que se dio en Argentina en 1999, cuando la oposición(Alianza) cuestionaba al gobierno, pero no cuestionaba el orden económico(Convertibilidad). Escribe Halperin Donghi “Si ... examinamos lo realizado por los movimientos antioligárquicos en las ocasiones en las que contaron con el poder político,... ;en los rasgos básicos de la estructura económico-social que hallan no introducen modificaciones importantes.(7) Lo que molesta no es el orden en sí mismo, sino la situación privilegiada de la oligarquía en ese orden.

Este proceso económico tuvo una peculiaridad que perdura hasta nuestros días. Los gobiernos tomaron préstamos extranjeros. Primero para la mencionada modernización  (redes ferroviarias y telegráficas), luego sistemáticamente para atender gastos ordinarios. Al respecto dice Halperin Donghi; “Unos países endeudados que necesitan de nuevos créditos de la plaza de Londres para cubrir deudas de los anteriores son espontáneamente sensibles a los puntos de vista de la metrópoli financiera. Esta necesidad objetiva es aceptada sin demasiada resistencia por la opinión pública latinoamericana.” “..., la Inglaterra victoriana contaba con la adhesión de todos cuantos aceptaban los rasgos esenciales de la modernización en curso; y estos el entero espectro político, desde los generales dispuestos a compensar con rápidos progresos materiales la desaparición de la libertad política..., hasta las oligarquías que prosperaban con las exportaciones y los sectores medios urbanos que creen estar colaborando en la construcción de un remedo latinoamericano de la Europa burguesa(8).

El nuevo orden que da más dinero al Estado le permite pagar mejor a sus empleados y aumentar su número. Fortaleciendo así el aparato burocrático, pero además, subsidiariamente, permite una expansión del pequeño y mediano comercio. Esto hace posible algunas actividades industriales orientadas hacia ese mercado local.

Orden y progreso

 

Oscar Oszlak refiere la necesidad de cuatro atributos para que un Estado se constituya como tal(9).

(1) Externalizar su poder; esta cualidad se vincula con el reconocimiento de una unidad soberana dentro de un sistema de relaciones interestatales, cuya integridad es garantizada por otras unidades similares ya existentes. La gran mayoría de los países latinoamericanos adquirió el formal reconocimiento externo de su soberanía, producto del desenlace de las luchas de emancipación nacional.

(2)Institucionalizar su autoridad; implica la imposición de una estructura de relaciones de poder capaz de ejercer un monopolio sobre los medios organizados de coerción. Esto mantiene correlación con el  fin de la anarquía.

(3)Diferenciar su control; la emergencia de un conjunto funcionalmente diferenciado de instituciones públicas relativamente autónomas respecto de la sociedad civil, con reconocida capacidad para extraer de su contexto, con cierto grado de profesionalización de sus funcionarios y cierta medida de control centralizado sobre sus múltiples actividades.  El estado organiza y amplia su aparato burocrático jurídico administrativo en la medida en que cuenta con recursos necesarios.

(4) Internalizar una identidad colectiva; cualidad consistente en la capacidad de emitir desde el estado los símbolos que refuercen los sentimientos de pertenencia y solidaridad social, como componentes ideales de la nacionalidad y aseguren, por lo tanto, el control ideológico de la dominación.

Es para la adquisición de este cuarto atributo donde entran en juego los aparatos ideológicos de Estado. A través de la escuela, los medios de información, la literatura, etc. se difunde la ideología dominante. El poder necesita de cierta legitimidad para no propiciar conflictos permanentes entre gobernantes y gobernados. Generar la idea de Nación, y con esta la de pertenencia, permite afianzar el presupuesto de que existe un bien general por sobre el particular. Todos, sin importar su condición social, se sienten partícipes de algo más grande que su propia existencia, y que abarca a ésta.

La legitimidad del orden imperante deviene, entonces, de considerarlo condición necesaria para que eso superior, ese algo más grande, no peligre. Por lo tanto, si bien no necesariamente habrá un acuerdo total, se tolera, porque se entiende que otra es la prioridad, y porque además, es difícil encontrar alternativas.

La exaltación de las gestas históricas, como el 5 de mayo en Méjico (cuando vencieron a los franceses en Puebla), de los héroes, como el mito bolivariano en Venezuela, (que como escribe Carrera Damas se ha utiliza do para justificar todo tipo de medidas de gobierno(10)) tiene como finalidad que los hombres y mujeres de un país se sientan herederos de un abnegado esfuerzo, del cual, es su deber moral, deben ser continuadores sin importar cuanto sacrificio personal les demande. “Sean eternos los laureles que supimos conseguir” cantamos, aunque seamos hijos o nietos de inmigrantes, o descendientes de los “primitivos” sometidos, porque igual somos herederos de esa nueva y gloriosa nación.  

Asimismo, quienes dominan (antes y ahora), deben justificar por que son ellos los encargados de dirigir la “empresa Nacional” y no otros. En la etapa de consolidación del estado el positivismo les brindó una valiosa herramienta. Ya no era una cuestión de opiniones o pareceres, era la ciencia misma la que los avalaba. Se pudo hablar sin pudor de la existencia de razas superiores e inferiores (como lo describen Ansaldi y Funes en “Cuestión de piel”(11)). Una forma eficaz de contrarrestar el miedo a la “pardocracia” al que alude  Bolivar en la Carta de Jamaica.

El orden se interpreta como condición para el progreso, hacia el que las voluntades comulgan. Solo si impera el orden el progreso se cristalizara beneficiando a todos (la teoría económica del derrame no es  nueva precisamente). El orden a su vez se reinterpreta como civilización, en nombre de la cual se consuma un genocidio y se procura la “anulación cultural” de los primeros habitantes de América llamados indígenas(12), y de todo aquel que no se adecua  a los cánones del habitante “civilizado”(13).

La última década del siglo XIX surgen los primeros movimientos políticos que recusan la dirección de la elite tradicional. Mayormente con base en los sectores medios urbanos. Pero, como ya se mencionó, no pretenden un cambio radical, sino acceder a los privilegios de los cuales están marginados.

Para entender mejor cómo una minoría acapara el poder relegando a la mayoría, es necesario (aunque no suficiente) observar y analizar nuestra actualidad. Por antipático que nos resulte, debemos admitir que la ideología dominante nos dicta que cada hombre con su esfuerzo y capacidad puede ascender en la escala social. Que el trabajo es “dignidad”, sin importar las indignas condiciones de trabajo. Que todo hombre está en condiciones de elegir y ser elegido para cargos públicos.  Que esto que tenemos es “democracia”, y defenderla es motivo para tolerar una vetusta clase dirigente que sólo tiene habilidad para transar y mantener su porción de poder. Etc., etc. Si hasta se las ingenian para “vender” que los gobernantes actuales no tienen relación con quienes gobernaron en la década pasada. Cuando un jubilado vitupera a los docentes por pedir aumento, puesto que éstos a su juicio trabajan muy poco, vemos claramente como la ideología dominante hizo carne en él. La relación imaginaria que mantiene con sus condiciones reales de existencia ha sido forjada, en buena medida, en función de intereses que no le son propios.

Por otra parte, al leer que el estado oligárquico se preocupaba por cuidar las formas en lo referente a la elección de representantes, y que se manejaban con clientelismo (coronelismo en Brasil, caciquismo en Méjico, gamonalismo en Perú), no sé, me suena tan actual...  Pero puede que sólo sea mi imaginación y de eso no se trata este trabajo.

 

 

Méjico y Brasil

 

En 1822 Iturbide se proclama emperador de Méjico y Pedro I hace lo propio en Brasil. Pero, mientras que el primer caso es susceptible de ser calificado como mera veleidad, en el segundo lo sostienen sólidos fundamentos. Brasil ya estaba organizado como un imperio, Méjico ni siquiera estaba organizado. De hecho lo que hoy se conoce como Méjico es apenas un tercio de lo que fue el Virreinato de Nueva España. No pudo mantener la unidad luego de la emancipación, algo que sí logró Brasil (pese a que originalmente, lo que serían sus estados, eran regiones con mayor vinculación con Portugal que entre sí.).

Río de Janeiro se convierte en capital del imperio portugués cuando el rey de Portugal es trasladado allí escapando de las tropas napoleónicas. Luego, cuando el monarca regresa a Europa, deja a su hijo Pedro como responsable. Este es quien declara la independencia de Brasil (Grito do Ipiringa).

Luego de la guerra con Argentina, que deriva en la independencia de Uruguay, Pedro I abdica a favor de su hijo, que es  menor de edad. En este, el periodo de la regencia por la minoridad del heredero al trono, se suscitan   algunos conflictos. Sin embargo fueron superados y Pedro II gobierna desde 1840 hasta1889. Lejos de una estabilidad semejante estaba Méjico.

Durante el gobierno de Benito Juárez, Méjico es invadido por Francia. Maximiliano de Hasburgo es nombrado emperador. La Iglesia y los grupos conservadores, opuestos a Juárez, celebran el advenimiento del enviado de Napoleón III. La Iglesia porque una de las medidas de Juárez para recaudar fue expropiarla, quitarle sus tierras, y restarle preponderacia en cuestiones tan relevantes como la educación (por motivos ya expuestos).

Cuando EEUU termina su guerra civil, ayuda a Juárez a derrotar a Maximiliano. Además éste pierde el apoyo de Francia. No obstante el  triunfo, todavía no llega la organización y el “orden” anhelado. Recién con Porfirio Díaz, que derroca a Lerdo de Tejada (el sucesor de Juárez), comienza a consolidarse un poder central en Méjico. Pero no es un poder institucionalizado. En términos weberianos es más una dominación carismática que legal.

Porfirio Díaz se erige como el mediador que resuelve las  disputas entre los diferentes intereses contrapuestos. Su política conciliadora permite que la exclusión política no se traduzca en exclusión económica. Se permite a todos (hacendados, plantadores, comerciantes) prosperar, aunque se le niegue participación política. Es más, va a respetar a los poderes locales siempre y cuando éstos lo reconozcan a él como superior. Podría decirse que en el caso de Méjico la “Larga espera”, que comienza con el protagonismo de Santa Ana como caudillo, tras la veleidad de Iturbide, culmina con Pofidio Díaz.

Tanto Méjico como Brasil articulan su economía en función de la exportación. En Brasil el producto preponderante será el café (su producción comienza alrededor de 1870 y en 1885 cubría el 62,2 % de las exportaciones). Méjico en cambio no está limitado en ese sentido( azúcar, henequén, café, etc.) y su producción se orienta básicamente hacia los EE UU, país con el cual mantiene estrecha relación.

El tema central en Méjico es “la tierra”, su propiedad. Las primeras medidas liberales al respecto fueron expropiación a la Iglesia y a las comunidades indígenas. La idea era terminar con los latifundios y favorecer el establecimiento de  “farmers”, pequeños propietarios. Pero esto nunca se termina de concretar, o se hace de tal modo que esos propietarios se ven obligados a seguir trabajando para la hacienda.

La “tierra” se convierte en elemento político para movilizar voluntades. Con diferentes matices, siempre subyace la promesa de otorgar tierras a cambio de apoyo político y/o militar. En el Plan de San Luís de Potosí, Madero(representante de una burguesía agraria e industrial marginada por el porfirismo) para oponerse a Díaz reclama elección efectiva y no reelección, pero para obtener mayor fuerza incluye el tema de la tierra. En un país donde más del 80% de la población depende de la agricultura no podía soslayarlo. Otro tanto procuran con el plan de Ayala quienes se oponen a Madero luego de ser sus aliados en contra de Porfirio (Zapata, Villa). Pero el Plan de Ayala es radicalmente diferente; la proclama de Madero proponía revisar todos los títulos, o sea, primero debía probarse la apropiación ilegítima. El plan de Ayala propone primero expropiar, y luego averiguar. Lo importarte es ver que estos enfrentamientos no eran resultado de reivindicaciones populares. Cuando se cuestiona a Porfirio Díaz primero, a Madero después, lo que se pretende es alcanzar un mayor grado de participación política. Si, por ejemplo, en Morelos la producción de azúcar  de las  haciendas invadía las tierras de las comunidades indígenas, no por eso se cuestiona al gobierno. Pero se utiliza ese malestar, se le saca partido. Esto se ve en que una de las estrategias de Carranza, para volcar el curso de la revolución a favor de los constitucionalistas (Carranza, Obregón, Calles) es, precisamente, dejar obsoleto al Plan de Ayala otorgando tierras. Siempre y cuando, claro está, se le retribuya con apoyo en contra de sus opositores.

Por esa misa pretensión política cae la monarquía en Brasil y se instaura la república en 1889. Señala Halperin Donghi; Un golpe militar que no encontró resistencia derribó en 1889 a la monarquía: el ejército y las elites políticas del Brasil central, donde se estaba elaborando la expansión del café, eran los beneficiarios principales del cambio institucional(14). La monarquía ya era una institución caduca, carente de representación, tan prescindible como la esclavitud (ambas instituciones coincidieron cronológicamente en apogeo y decadencia, ante la pujanza de un capitalismo que había llegado para quedarse.

El ejército, que luego de la guerra de la Triple Alianza comenzó a tomar mayor conciencia de sus propia fuerzas, fue clave para el paso republicano. Oficiales formados en las ideas positivistas propugnaron el cambio. Es el Estado de Río Grande do Sur el que “rompe” el pacto oligárquico por el cual San Pablo y Minas Gerais excluían a los demás estados o los incluían subordinadamente (pacto del café con leche). Porque Río Grande do Sur tiene la mayor concentración del ejército, dado que que está en la zona de conflico con Argentina, Uruguay y Paraguay.

El mariscal Deodoro de Fonseca se convierte en el primer presidente de Brasil. En adelante la república instaurada contará con la atenta tutela del ejército , y al menos hasta la crisis del `29 la prosperidad del país estará vinculada principalmente a la producción del café. Quizás lo más irónico en Brasil sea que las mismas ideas positivistas que preconizan la abolición de la esclavitud sean las mismas que luego justificaran la marginación de los libertos.

En el caso de Méjico, el ejército no tendrá un rol destacado luego de la revolución.  En 1923 se produce un levantamiento militar contra el presidente Obregón, uno de los líderes de la revolución triunfante. Obregón logra sofocar el levantamiento y ordena fusilar a los generales responsables (y seguro alguno más también). A partir de entonces el ejército queda subordinado al Estado. Por eso en Méjico, a diferencia de Brasil, no hubo golpes de estado hasta ahora. No sólo por la implacable represión aplicada, sino porque además hay una incorporación política de este  ejército  en el que no quedan opositores.

Durante el gobierno de Obregón se crean organismos oficiales que van a ser los encargados de hacer la distribución de las tierras. Estos repartos ya no van a estar dados por caciques ni hacendados ni gobiernos locales sino por un organismo oficial del estado federal. Además a las comunidades no se les entregan títulos de propiedad, con lo cual los tienen amenazadas con quitárselas. Conminándolos a no participar en oposición alguna.

Esta política de tierras, la mencionada subordinación del ejército, y la tutela de los EEUU garantizando el poder estatuido (porque así cuida sus intereses en méjico, v.g. en lo referente al  petróleo), son pilares para la consolidación del Estado en Méjico.

En cuanto a Brasil, aunque su unidad y organización en comparación con Méjico fuera más rápida y menos conflictiva, recién bien entrado el siglo XX suprime la posibilidad de que sus  estados tomen préstamos internacionales por encima del poder federal, y que entre estados cobren tarifas aduaneras o derechos de comercio.

 

 

 

 

 

 

 

 

Notas - Bibliografía

(1)    Halperin Donghi, Tulio: Historia contemporánea de América Latina, Alianza, Madrid.

(2)    Althusser, Louis; Ideología y aparatos ideológicos de Estado. –Nueva visión – 1988

(3)    Pirez, Pedro; Estado y configuración espacial en el período de la organización nacional de América Latina.

(4)    Halperin Donghi, Tulio: Historia contemporánea de América Latina, Alianza, Mad pp. 193

(5)    Idem; pp 189

(6)    Idem pp.196

(7)    Idem pp- 270

(8)    Idem pp. 20

(9)    Oszlak, Oscar; Formación del Estado en América Latina: elementos teórico – metodológicos para su estudio – Estudios Cedes – 1978 pp 12

(10)Carrera Damas, Germán; “Simón Bolivar: Idologización e historiografía”; en Waldo Ansaldi (Coordinador); Calidoscopio Latinoamericano. Imágenes históricas para un debate vigente; Ariel Historia; Bs. As. 2004 pp. 327 - 336

(12)Mónica Quijada; “De mitos nacionales, definiciones cívicas y clasificaciones grupales. Los indígenas en la construcción nacional argentina, siglos XIX a XXI”; en Idem  pp. 425-447

(13) Ángel G. Quintero Rivera; Los modales y el cuerpo.  Clase, “raza” y género en la etiqueta de baile”; en Idem pp.337- 354

(14) Halperin Donghi, Tulio: Historia contemporánea de América Latina, Alianza, Mad pp 248

 

Ansaldi, Waldo y Funes, patricia; Formación, consolidación y reforma del Estado en América Latina, una historia de trama compleja

Funes, Patricia y Ansaldi, Waldo (compiladores): Teorías de las revoluciones y revoluciones latinoamericanas, UDISHAL, Documento de Trabajo/58, Serie II, Buenos Aires, 3ª edic., 1998. Edición en CD-ROM, Libros Digitales, Serie del Nuevo Siglo, vol. 0/1, Buenos Aires, 2001

Roberts, Bryan; Estado y Región en América Latina
Wells, H.G.;   Esquema de la Historia Univers