miércoles, 2 de julio de 2014

Una mirada sobre el trabajo


“Es tan malo trabajar que te tienen
que pagar para que lo hagas” (Humor popular).

    1) Desde el pasaje bíblico “En el sudor de tu rostro comerás el pan…”[i] más difundido como “ganarás el pan con el sudor de tu frente, que lo condensa en casi una maldición”[ii], pasando por la Grecia que lo estigmatizaba  como propio del no-hombre[iii], el concepto de trabajo ha evolucionado significativamente. En especial desde los albores del sistema capitalista.
   Paradójicamente (o no) su relación con la idea del castigo y lo deshumanizante no desaparece del todo en muchos de los pensadores modernos que analizan el tema. Adam Smith, opinando sobre la jornada de trabajo regular, sostenía que la rutina embotaba la mente. Anticipando a Marx (y si se quiere inspirándolo) en su concepto de “alienación”, Smith reconoce que dividir las tareas en las partes integrantes de un clavo condenaría a los individuos a un día mortalmente aburrido. Sus temores acerca del carácter rutinario del trabajo se cristalizarían en el siglo XX con el auge del fordismo.[iv]
    El tema de la deshumanización está presente de modo contante en el debate de Marx sobre el fetichismo. En el capitalismo hay una objetivación del sujeto y una subjetivación del objeto: Las cosas (dinero, capital, máquinas) se convierten en sujetos de la sociedad, y las personas (los trabajadores) se convierten en objetos. Marx, además de   condenar al capitalismo  por el sufrimiento físico que genera, lo hace, sobre todo, por esta inversión entre las cosas y las personas[v].
   Richard Sennett[vi] no tiene dudas acerca de que las fábricas de comienzo del siglo XIX combinaban la rutina que adormecía la mente y el empleo inestable. Porque las propias empresas solían estar débilmente estructuradas y por lo tanto en peligro de hundimiento repentino. Es así como ve a este capitalismo primitivo como una incitación a la revolución. El antídoto contra la misma fue aplicar al capitalismo modelos militares de organización. Max Weber hizo el análisis de dicha militarización en la cual, al igual que en los ejércitos, en las grandes corporaciones cada uno tenía un lugar y cada lugar una función definida.  El razonamiento era que, independientemente del grado de pobreza en que se encuentre, es menos probable que se rebele el trabajador que se sabe en una posición socialmente reconocida que el que es incapaz de encontrar sentido a su posición en la sociedad. Suponemos que este razonamiento, o bien soslaya la idea de alienación según la cual el trabajador no se realiza sino que se niega en su trabajo[vii], o lo considera un atenuante. En palabras de Bauman, el trabajo como principal factor de ubicación social y evaluación individual[viii]. El trabajo como productor y acondicionador de la subjetividad (Matrajt 2002).
   Sin embargo no fue esta militarización la única estrategia para que el trabajo dejara de ser visto como un castigo o como un enemigo de la vida que habían llevado los hombres hasta el advenimiento del capitalismo. Otra fue la compendiada en La ética del trabajo[ix].  Esta estrategia lo que buscaba era invertir los términos. En lugar de que el trabajo fuese un castigo, el castigo debía ser no trabajar. O dicho de otra manera, no trabajar tendría un castigo. Uno moral, desde el discurso dominante estigmatizar al que no se ganaba el sustento trabajando. El otro, físico, limitar las posibilidades de subsistencia independientes del trabajo. Convertir la vida de los que se rehusaban a trabajar en tan miserable que, incluso, la también miserable vida del trabajador se les hiciera tentadora.
    Según Bauman, la mayoría de los historiadores estadounidenses comparten la opinión de que no fue la ética del trabajo sino el espíritu de empresa y la movilidad ascendente lo que favoreció la industria norteamericana. Sostienen que desde un principio el trabajo fue considerado como un medio antes que un valor en sí mismo, o una vocación. No era preciso amar al trabajo ni considerarlo un signo de virtud.  Semejante afirmación nos lleva a releer la obra de Max Weber, La ética protestante y el espíritu capitalista y citar: “…el primer enemigo a la vista contra el cual hubo de luchar el espíritu capitalista-considerado como un nuevo tipo de vida con sujeción a ciertas reglas, subordinado a una ética específica- fue aquel hecho, parecido en mentalidad y en conducta que podría calificarse como tradicionalismo.” “…, o sea la aspiración del individuo no es ganar más y más dinero, sino continuar su existencia pura y llanamente como siempre lo hizo, obteniendo sólo lo necesario…”[x].
    Sabemos que los argumentos de Weber no pretenden ser unívocos y que, circunscriptos a Europa, bien pueden convivir con los de historiadores norteamericanos aludidos por Bauman. De todos modos  no podemos pasar por alto el concepto de profesión-vocación surgida gracias al protestantismo ascético. Las religiones protestantes cristianas que comenzaron a prevalecer en Europa durante el Romanticismo facilitaron el desarrollo de la lógica mercantil y de la concepción del individuo ciudadano[xi]
   Considerar la aserción  de Martínez García respecto de que ya nadie discute la importancia del trabajo para el hombre[xii], amerita un último comentario.  Suscribimos a Marx en que la existencia genera la conciencia[xiii] y en que la clase dominante impone su ideología[xiv]. Por eso entendemos que desde la actualidad se obvie esta evolución que tuvo el concepto de trabajo y se lo tome como “natural” y que siempre fue así y siempre lo será. Se trabaja para vivir, el que no trabaja es un parásito (a menos que sea rico, entonces es “un señor”), “el trabajo es dignidad” y, cómo obviarlo,  ¡Haragán…  si encontrás al inventor del laburo le pegás![xv] , un tango que no sé si le hubiera gustado a Paul Lafargue, el yerno de Marx.
    2) El comienzo de esta segunda parte merece un sinceramiento; estamos escribiendo con “el diario del lunes” en la mano. Las profecías apocalípticas que se hicieron en los ´90 quedaron anticuadas. Cabe aclarar que aquí el término “apocalipsis” no es una mera hipérbole estilística. J.Rifkin al imaginar un futuro en el que las clases pudientes se aislarán para protegerse de las masas de trabajadores desocupados[xvi] hace recordar a esas películas futuristas en las que los zombis ávidos de cerebros humanos asedian una ciudad fortificada.
   Al postular que la ciencia habría sustituido al valor trabajo[xvii], J Habermas nos tienta a ser irreverentes y deslizar que como economista es un gran filósofo. Pero al igual que con Rifkin hay que considerar el contexto en el que escriben. De la misma manera que no podemos descalificar a Malthus indicando que si hubiera tenido razón nos estaríamos comiendo los unos a los otros[xviii].
    En los años noventa, gracias a los avances de los microprocesamientos en electrónica, el antiguo sueño/pesadilla de la automatización comenzó a ser una realidad; con el resultado de ser más barato invertir en máquinas que pagar a la gente para que trabaje[xix].  En lugar de caer en una proyección de ribetes malthusianos coincidimos con Castel: Que el trabajo haya devenido más escaso o más inestable no significa que sea menos útil o menos necesario[xx]
   Las proyecciones estadísticas en materia de disminución absoluta del empleo en el largo plazo fueron erróneas. Si bien disminuye el volumen de empleo en el sector manufacturero, se compensa en la actividad de servicios[xxi]. Aunque el sector servicio permanece dependiente de la acumulación industrial propiamente dicha[xxii]
    Es esclarecedor lo planteado por M. Husson respecto a que el aumento de la productividad no tiene una consecuencia fija. Puede generar aumento del salario y menor tiempo de trabajo (cumpliendo el sueño de Robert Owen[xxiii])  o, por el contrario, disminuir la parte de los salarios en el valor agregado y aumentar así las tasas de ganancias[xxiv].  Desde ya no creemos que la opción por uno u otro dependa, como propone Gorz, de una ley marco[xxv]. Aunque no suene muy catedrático diremos; “hecha la ley, hecha la trampa”. ¿Acaso no hay una ley en contra del trabajo no registrado (en negro)? Sin embargo, y por citar un caso, en el rubro gastronómico es vergonzoso el porcentaje de trabajadores en esa condición[xxvi]
   En palabras de Marx, el capital mismo es la contradicción del proceso, por el hecho de que tiende a reducir a un mínimo el tiempo de trabajo, mientras que por otra parte pone al tiempo de trabajo como única medida y fuente de la riqueza[xxvii]. Como se ve, no es nada nuevo ni original esta tendencia en la producción, sólo se ve acelerada por los avances científicos y tecnológicos que C. Offe acusa de principal causa del elevado desempleo[xxviii]. Como si las tecnologías fueran las que se inclinan por una de las dos opciones planteadas por Husson.
   La tendencia señalada por Marx demuestra que, en tanto perdure el modo de producción capitalista, no puede concretar la eliminación del trabajo como fuente creadora de valor pero sí una transformación en el interior del proceso del trabajo que resulta del avance científico y tecnológico[xxix]. El ejemplo más extremo pero a la vez más ilustrativo es el de la fábrica en la cual robots fabrican robots. Ni aun en este caso hubo eliminación del trabajo y sí un proceso de intelectualización de una parte de la clase trabajadora. Las nuevas tecnologías ni crean ni destruyen empleo: lo transforman (Manuel Castells 1997). A la afirmación de  Gorz acerca de que el capital no tendrá más necesidad del trabajo[xxx]  y a la de Antonio Negri que da por desaparecida la teoría del valor[xxxi], oponemos la cita textual de Pablo Rieznik: “Si no hay trabajo humano, no hay ganancia, salvo que adoptemos el punto de vista animista de la economía convencional que atribuye a las máquinas la creación de valor”[xxxii].
    En una burda inversión de los términos en la tendencia señalada por Marx podemos arriesgar que eliminar el trabajo es poner fin al sistema capitalista. Recordemos el plan Marshal de ayuda a económica a Europa tras la segunda guerra mundial[xxxiii], y el más reciente “rescate” millonario a  bancos europeos con la crisis de 2008. Aquellos que más se benefician con el sistema capitalista no están dispuestos a dejarlo caer, aunque les cueste. La superación del trabajo alienado, del trabajo que “usa” al trabajador para valorizar al capital, es un orden nuevo de la sociedad[xxxiv].
   Tomemos como referencia la teoría regulacionista. El modo de regulación promueve, canaliza y restringe los comportamientos individuales, socializa los comportamientos heterogéneos de los agentes económicos y condiciona los mecanismos de ajuste de los mercados en función de reglas y principios de organización sin los cuales no podrían funcionar[xxxv]. Una resumida interpretación de esta teoría es la siguiente; ante las dos alternativas planteadas por Husson, se buscará un punto de equilibrio  que no ponga en peligro al sistema.
    En nuestro país vivimos como se han llevado a cabo los preceptos de la regulación en lo referente a la relación salarial. Si la restricción monetaria es dura (léase “convertibilidad”) resulta necesario que la relación salarial sea flexible (flexibilización laboral). Si, en cambio, las fuerzas políticas, por medio del Estado, presionan y logran codificar un salario directo e indirecto ligados a la evolución de la productividad y la inflación, el régimen monetario que se requiere debe ser más flexible para permitir adaptaciones necesarias.
    Si este análisis lo estuviéramos realizando en 2001, probablemente no nos mostraríamos tan escépticos ante el predicho “apocalipsis”.  Bien pudiéramos ver en el trueque de esa época  algo homologable a un embrionario  diferente del sector público y del mercado[xxxvi].  Y por qué no, ver en la proliferación de vendedores ambulantes la propuesta de M. Godet acerca de empresas mono-personales. Pero la realidad es dinámica y como tal, cambiante. Esto es lo que no es tenido en cuenta en diversos análisis. En los que derivan en proyecciones a futuro (verbigracia Rifkin), y en los que toman una “foto” de la actualidad y asumen que las cosas son así y para siempre. Básicamente en este segundo tipo la referencia es para conclusiones tales como “la flexibilidad del mercado de trabajo implica noveles altos de desempleo estructural, una rápida destrucción y reconstrucción de habilidades y calificaciones de la fuerza de trabajo, una progresiva erosión del poder sindical y una paulatina desreglamentación de los derechos laborales.”[xxxvii]. Lo cual, apelando a la citada teoría de la regulación, es verdad pero no necesariamente definitivo.
     En la Argentina, en el periodo 2003-2008, la economía se expandió a una tasa anual acumulativa del 8,5% generando algo más de cuatro millones de puestos de trabajo.  Consecuencia (entre otras cosas) de haber salido de lo que en la teoría de la regulación se denomina “restricción monetaria dura”. La nueva estructura de precios relativos conformada tras la devaluación de la moneda potenció el desarrollo de los sectores productores de bienes al encarecer las importaciones y hacer más competitivas las exportaciones. A la vez, la baja tasa de interés hizo más barato el crédito para la producción y el consumo.
    Si bien para los trabajadores (esos potenciales “zombis” en la visión apocalíptica) esto significó poco menos que una “bendición” (a propósito de haber comenzado todo esto como el trabajo y la “maldición”), no debemos soslayar que en rigor esto implicó una inédita transferencia de ingresos desde el trabajo hacia el capital, ya que los trabajadores vieron reducido su salario real en, aproximadamente, un tercio por efecto causado por el aumento de los precios internos sin contrapartida de los salarios nominales. Conduciendo a una acelerada y significativa recomposición de la tasa de ganancia en el conjunto de la economía[xxxviii] .
     Ni apocalipsis, ni redención, ni ningún otro apelativo religioso… aunque, a veces, los vaivenes del capitalismo no nos dejen otra que encomendarnos a la providencia…





[i] Génesis 3:19
[ii] Martínez García Beatriz Trabajo y subjetividad, entre lo existente y lo necesario capítulo 2  PAIDOS
[iii] Rieznik Pablo La pereza y la celebración de lo humano ( el trabajo como categoría antropológica)
[iv] Sennett Richard La corrosión del carácter.  Anagrama
[v] Holloway John Clase y clasificación: en contra, dentro y más allá del trabajo. El trabajo en Debate. Herramie ediciones.
[vi] Sennett Richard.  La cultura del nuevo capitalismo Editorial Anagrama. Barcelona.
[vii]  Rosdolsky, Roman Génesis y estructura del capitalismo de Marx. Citado por Rieznik Pablo, Ob. Cit.
[viii] Bauman Zygmunt. Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Gedisa editorial. 
[ix] Bauman Zygmunt. Ídem.
[x] Weber Max La ética protestante y el espíritu capitalista. Colecciónn Ciencias sociales. P´rometeo libros,2003. Pág45.
[xi] Zeller, Norberto. Capitalismo, política y trabajo. Notas acerca de la economía, el Estado y el Trabajo. 2003.
[xii] Martínez García Beatriz. Ob. Cit.
[xiii] Marx Karl Crítica a la economía política.
[xiv] Marx Karl La ideología alemana.
[xv] Fragmento del tango Haragán de Enrique Delfino y Manuel Romero.
[xvi] Nefffa, Julio. El trabajo humano, contribuciones al estudio de un valor que permanece.
[xvii] Neffa, Julio. Ob. Cit.
[xviii] Malthus, Tomas Robert ( 1766-1834) Ensayos sobre los principios de la población.
[xix] Sennett Richard, La cultura del nuevo capitalismo Anagrama.
[xx] Castel Robert Las trampas de la exclusión, Trabajo y utilidad social Topia Editorial, colección fichas del siglo XXI.
[xxi] Neffa Julio. Ob. Cit.
[xxii] Antunes Ricardo ¿Adiós al trabajo? Ensayo sobre la metamorfosis y el rol central del mundo del trabajo  Ediciones Herramienta.  Buenos aires 2003.
[xxiii] Rieznik Pablo La pereza y la celebración de lo humano ( el trabajo como categoría antropológica).
[xxiv] Neffa Julio. Ob. Cit.
[xxv] Neffa Julio. Ob. Cit.
[xxvi] Dato aportado por Zeller durante la clase.
[xxvii] Antunes Ricardo ¿Adiós al trabajo? Ensayo sobre la metamorfosis y el rol central del mundo del trabajo  Ediciones Herramienta.  Buenos aires 2003.
[xxviii] Neffa Julio. Ob. Cit.
[xxix] Antunes Ricardo ¿Adiós al trabajo? Ensayo sobre la metamorfosis y el rol central del mundo del trabajo  Ediciones Herramienta.  Buenos aires 2003.
[xxx] Nefffa, Julio. El trabajo humano, contribuciones al estudio de un valor que permanece.
[xxxi] Novo Leonardo El lugar social del trabajo. En “Trabajo y subjetividad. PAIDÓS.
[xxxii] Rieznik pablo Las formas del trabajo y la historia una introducción al estudio de la economía política. Editorial Biblos. 2003. P´g, 97. 
[xxxiii] Propuesto por el general George Marshal en 1947 y aprobado por el Senado en 1948, se aplicó a 16 países europeo. Se destinaron 12.000 millones de dólares.
[xxxiv] Rieznik Pablo La pereza y la celebración de lo humano ( el trabajo como categoría antropológica).
[xxxv] Neffa Juli Cesar La forma institucional relación salarial y su evolución en la Argentina desde una perspectiva de largo plazo.  En “La economía argentina y su crisis (1976-2001) visiones institucionalista y regulacionistas.  Miño y Dávila editores. 2004
[xxxvi] Nefffa, Julio. El trabajo humano, contribuciones al estudio de un valor que permanece.
[xxxvii] Novo Leonardo El lugar social del trabajo. En “Trabajo y subjetividad. PAIDÓS.
[xxxviii] Arceo Nicolás, González Mariana, Mendizábal Nuri y Basualdo Eduardo. El nuevo patrón de crecimiento y su impacto sobre el mercado de trabajo.