“Es tan malo trabajar que te tienen
que pagar para que lo hagas” (Humor
popular).
1) Desde
el pasaje bíblico “En el sudor de tu
rostro comerás el pan…”[i]
más difundido como “ganarás el pan con el sudor de tu frente, que lo condensa
en casi una maldición”[ii],
pasando por la Grecia que lo estigmatizaba
como propio del no-hombre[iii],
el concepto de trabajo ha evolucionado significativamente. En especial desde
los albores del sistema capitalista.
Paradójicamente (o no) su relación con la idea del castigo y lo
deshumanizante no desaparece del todo en muchos de los pensadores modernos que
analizan el tema. Adam Smith, opinando sobre la jornada de trabajo regular,
sostenía que la rutina embotaba la mente. Anticipando a Marx (y si se quiere
inspirándolo) en su concepto de “alienación”, Smith reconoce que dividir las
tareas en las partes integrantes de un clavo condenaría a los individuos a un
día mortalmente aburrido. Sus temores acerca del carácter rutinario del trabajo
se cristalizarían en el siglo XX con el auge del fordismo.[iv]
El tema de la deshumanización
está presente de modo contante en el debate de Marx sobre el fetichismo. En el
capitalismo hay una objetivación del sujeto y una subjetivación del objeto: Las
cosas (dinero, capital, máquinas) se convierten en sujetos de la sociedad, y
las personas (los trabajadores) se convierten en objetos. Marx, además de condenar al capitalismo por el sufrimiento físico que genera, lo
hace, sobre todo, por esta inversión entre las cosas y las personas[v].
Richard Sennett[vi]
no tiene dudas acerca de que las fábricas de comienzo del siglo XIX combinaban
la rutina que adormecía la mente y el empleo inestable. Porque las propias
empresas solían estar débilmente estructuradas y por lo tanto en peligro de
hundimiento repentino. Es así como ve a este capitalismo primitivo como una
incitación a la revolución. El antídoto contra la misma fue aplicar al
capitalismo modelos militares de organización. Max Weber hizo el análisis de
dicha militarización en la cual, al igual que en los ejércitos, en las grandes
corporaciones cada uno tenía un lugar y cada lugar una función definida. El razonamiento era que, independientemente
del grado de pobreza en que se encuentre, es menos probable que se rebele el
trabajador que se sabe en una posición socialmente reconocida que el que es
incapaz de encontrar sentido a su posición en la sociedad. Suponemos que este
razonamiento, o bien soslaya la idea de alienación según la cual el trabajador
no se realiza sino que se niega en su trabajo[vii],
o lo considera un atenuante. En palabras de Bauman, el trabajo como principal
factor de ubicación social y evaluación individual[viii].
El trabajo como productor y acondicionador de la subjetividad (Matrajt 2002).
Sin embargo no fue esta militarización la única estrategia para que el
trabajo dejara de ser visto como un castigo o como un enemigo de la vida que
habían llevado los hombres hasta el advenimiento del capitalismo. Otra fue la
compendiada en La ética del trabajo[ix].
Esta estrategia lo que buscaba era
invertir los términos. En lugar de que el trabajo fuese un castigo, el castigo
debía ser no trabajar. O dicho de otra manera, no trabajar tendría un castigo. Uno
moral, desde el discurso dominante estigmatizar al que no se ganaba el sustento
trabajando. El otro, físico, limitar las posibilidades de subsistencia
independientes del trabajo. Convertir la vida de los que se rehusaban a
trabajar en tan miserable que, incluso, la también miserable vida del
trabajador se les hiciera tentadora.
Según Bauman, la mayoría de los
historiadores estadounidenses comparten la opinión de que no fue la ética del
trabajo sino el espíritu de empresa y la movilidad ascendente lo que favoreció
la industria norteamericana. Sostienen que desde un principio el trabajo fue considerado
como un medio antes que un valor en sí mismo, o una vocación. No era preciso
amar al trabajo ni considerarlo un signo de virtud. Semejante afirmación nos lleva a releer la
obra de Max Weber, La ética protestante y el espíritu capitalista y citar: “…el primer enemigo a la vista contra el
cual hubo de luchar el espíritu capitalista-considerado como un nuevo tipo de
vida con sujeción a ciertas reglas, subordinado a una ética específica- fue
aquel hecho, parecido en mentalidad y en conducta que podría calificarse como
tradicionalismo.” “…, o sea la aspiración del individuo no es ganar más y más
dinero, sino continuar su existencia pura y llanamente como siempre lo hizo,
obteniendo sólo lo necesario…”[x].
Sabemos que los argumentos de Weber no pretenden
ser unívocos y que, circunscriptos a Europa, bien pueden convivir con los de
historiadores norteamericanos aludidos por Bauman. De todos modos no podemos pasar por alto el concepto de
profesión-vocación surgida gracias al protestantismo ascético. Las religiones
protestantes cristianas que comenzaron a prevalecer en Europa durante el
Romanticismo facilitaron el desarrollo de la lógica mercantil y de la
concepción del individuo ciudadano[xi]
Considerar la aserción de Martínez
García respecto de que ya nadie discute la importancia del trabajo para el
hombre[xii],
amerita un último comentario. Suscribimos a Marx en que la existencia genera
la conciencia[xiii] y en
que la clase dominante impone su ideología[xiv].
Por eso entendemos que desde la actualidad se obvie esta evolución que tuvo el
concepto de trabajo y se lo tome como “natural” y que siempre fue así y siempre
lo será. Se trabaja para vivir, el que no trabaja es un parásito (a menos que
sea rico, entonces es “un señor”), “el trabajo es dignidad” y, cómo obviarlo, ¡Haragán…
si encontrás al inventor del laburo le pegás![xv]
, un tango que no sé si le hubiera gustado a Paul Lafargue, el yerno de Marx.
2) El comienzo de esta segunda parte merece
un sinceramiento; estamos escribiendo con “el diario del lunes” en la mano. Las
profecías apocalípticas que se hicieron en los ´90 quedaron anticuadas. Cabe
aclarar que aquí el término “apocalipsis” no es una mera hipérbole estilística.
J.Rifkin al imaginar un futuro en el que las clases pudientes se aislarán para
protegerse de las masas de trabajadores desocupados[xvi]
hace recordar a esas películas futuristas en las que los zombis ávidos de
cerebros humanos asedian una ciudad fortificada.
Al postular que la ciencia habría sustituido al valor trabajo[xvii],
J Habermas nos tienta a ser irreverentes y deslizar que como economista es un
gran filósofo. Pero al igual que con Rifkin hay que considerar el contexto en
el que escriben. De la misma manera que no podemos descalificar a Malthus
indicando que si hubiera tenido razón nos estaríamos comiendo los unos a los
otros[xviii].
En los años noventa, gracias a los avances
de los microprocesamientos en electrónica, el antiguo sueño/pesadilla de la
automatización comenzó a ser una realidad; con el resultado de ser más barato
invertir en máquinas que pagar a la gente para que trabaje[xix]. En lugar de caer en una proyección de ribetes
malthusianos coincidimos con Castel: Que el trabajo haya devenido más escaso o
más inestable no significa que sea menos útil o menos necesario[xx]
Las proyecciones estadísticas en materia de disminución absoluta del
empleo en el largo plazo fueron erróneas. Si bien disminuye el volumen de
empleo en el sector manufacturero, se compensa en la actividad de servicios[xxi].
Aunque el sector servicio permanece dependiente de la acumulación industrial
propiamente dicha[xxii]
Es esclarecedor lo planteado por M. Husson
respecto a que el aumento de la productividad no tiene una consecuencia fija.
Puede generar aumento del salario y menor tiempo de trabajo (cumpliendo el
sueño de Robert Owen[xxiii])
o, por el contrario, disminuir la parte
de los salarios en el valor agregado y aumentar así las tasas de ganancias[xxiv]. Desde ya no creemos que la opción por uno u
otro dependa, como propone Gorz, de una ley marco[xxv].
Aunque no suene muy catedrático diremos; “hecha la ley, hecha la trampa”.
¿Acaso no hay una ley en contra del trabajo no registrado (en negro)? Sin
embargo, y por citar un caso, en el rubro gastronómico es vergonzoso el
porcentaje de trabajadores en esa condición[xxvi]
En palabras de Marx, el capital mismo es la contradicción del proceso,
por el hecho de que tiende a reducir a un mínimo el tiempo de trabajo, mientras
que por otra parte pone al tiempo de trabajo como única medida y fuente de la
riqueza[xxvii].
Como se ve, no es nada nuevo ni original esta tendencia en la producción, sólo
se ve acelerada por los avances científicos y tecnológicos que C. Offe acusa de
principal causa del elevado desempleo[xxviii].
Como si las tecnologías fueran las que se inclinan por una de las dos opciones
planteadas por Husson.
La tendencia señalada por Marx demuestra que, en tanto perdure el modo
de producción capitalista, no puede concretar la eliminación del trabajo como
fuente creadora de valor pero sí una transformación en el interior del proceso
del trabajo que resulta del avance científico y tecnológico[xxix].
El ejemplo más extremo pero a la vez más ilustrativo es el de la fábrica en la
cual robots fabrican robots. Ni aun en este caso hubo eliminación del trabajo y
sí un proceso de intelectualización de una parte de la clase trabajadora. Las
nuevas tecnologías ni crean ni destruyen empleo: lo transforman (Manuel
Castells 1997). A la afirmación de Gorz
acerca de que el capital no tendrá más necesidad del trabajo[xxx]
y a la de Antonio Negri que da por
desaparecida la teoría del valor[xxxi],
oponemos la cita textual de Pablo Rieznik: “Si
no hay trabajo humano, no hay ganancia, salvo que adoptemos el punto de vista
animista de la economía convencional que atribuye a las máquinas la creación de
valor”[xxxii].
En
una burda inversión de los términos en la tendencia señalada por Marx podemos
arriesgar que eliminar el trabajo es poner fin al sistema capitalista.
Recordemos el plan Marshal de ayuda a económica a Europa tras la segunda guerra
mundial[xxxiii],
y el más reciente “rescate” millonario a
bancos europeos con la crisis de 2008. Aquellos que más se benefician
con el sistema capitalista no están dispuestos a dejarlo caer, aunque les
cueste. La superación del trabajo alienado, del trabajo que “usa” al trabajador
para valorizar al capital, es un orden nuevo de la sociedad[xxxiv].
Tomemos como referencia la teoría regulacionista. El modo de regulación
promueve, canaliza y restringe los comportamientos individuales, socializa los
comportamientos heterogéneos de los agentes económicos y condiciona los
mecanismos de ajuste de los mercados en función de reglas y principios de
organización sin los cuales no podrían funcionar[xxxv].
Una resumida interpretación de esta teoría es la siguiente; ante las dos
alternativas planteadas por Husson, se buscará un punto de equilibrio que no ponga en peligro al sistema.
En nuestro país vivimos como se han llevado
a cabo los preceptos de la regulación en lo referente a la relación salarial.
Si la restricción monetaria es dura (léase “convertibilidad”) resulta necesario
que la relación salarial sea flexible (flexibilización laboral). Si, en cambio,
las fuerzas políticas, por medio del Estado, presionan y logran codificar un salario
directo e indirecto ligados a la evolución de la productividad y la inflación,
el régimen monetario que se requiere debe ser más flexible para permitir
adaptaciones necesarias.
Si este análisis lo estuviéramos
realizando en 2001, probablemente no nos mostraríamos tan escépticos ante el
predicho “apocalipsis”. Bien pudiéramos
ver en el trueque de esa época algo
homologable a un embrionario diferente del sector público y del mercado[xxxvi]. Y por qué no, ver en la proliferación de
vendedores ambulantes la propuesta de M. Godet acerca de empresas
mono-personales. Pero la realidad es dinámica y como tal, cambiante. Esto es lo
que no es tenido en cuenta en diversos análisis. En los que derivan en
proyecciones a futuro (verbigracia Rifkin), y en los que toman una “foto” de la
actualidad y asumen que las cosas son así y para siempre. Básicamente en este
segundo tipo la referencia es para conclusiones tales como “la flexibilidad del mercado de trabajo implica noveles altos de
desempleo estructural, una rápida destrucción y reconstrucción de habilidades y
calificaciones de la fuerza de trabajo, una progresiva erosión del poder
sindical y una paulatina desreglamentación de los derechos laborales.”[xxxvii].
Lo cual, apelando a la citada teoría de la regulación, es verdad pero no
necesariamente definitivo.
En la Argentina, en el periodo 2003-2008,
la economía se expandió a una tasa anual acumulativa del 8,5% generando algo
más de cuatro millones de puestos de trabajo.
Consecuencia (entre otras cosas) de haber salido de lo que en la teoría
de la regulación se denomina “restricción monetaria dura”. La nueva estructura
de precios relativos conformada tras la devaluación de la moneda potenció el
desarrollo de los sectores productores de bienes al encarecer las importaciones
y hacer más competitivas las exportaciones. A la vez, la baja tasa de interés
hizo más barato el crédito para la producción y el consumo.
Si bien para los trabajadores (esos
potenciales “zombis” en la visión apocalíptica) esto significó poco menos que
una “bendición” (a propósito de haber comenzado todo esto como el trabajo y la
“maldición”), no debemos soslayar que en rigor esto implicó una inédita
transferencia de ingresos desde el trabajo hacia el capital, ya que los
trabajadores vieron reducido su salario real en, aproximadamente, un tercio por
efecto causado por el aumento de los precios internos sin contrapartida de los
salarios nominales. Conduciendo a una acelerada y significativa recomposición
de la tasa de ganancia en el conjunto de la economía[xxxviii]
.
Ni apocalipsis, ni redención, ni ningún
otro apelativo religioso… aunque, a veces, los vaivenes del capitalismo no nos
dejen otra que encomendarnos a la providencia…
[i] Génesis
3:19
[ii]
Martínez García Beatriz Trabajo y subjetividad, entre lo existente y lo
necesario capítulo 2 PAIDOS
[iii]
Rieznik Pablo La pereza y la celebración de lo humano ( el trabajo como
categoría antropológica)
[iv] Sennett
Richard La corrosión del carácter.
Anagrama
[v] Holloway
John Clase y clasificación: en contra, dentro y más allá del trabajo. El
trabajo en Debate. Herramie ediciones.
[vi] Sennett
Richard. La cultura del nuevo
capitalismo Editorial Anagrama. Barcelona.
[vii] Rosdolsky, Roman Génesis y estructura del capitalismo
de Marx. Citado por Rieznik Pablo, Ob. Cit.
[viii]
Bauman Zygmunt. Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Gedisa editorial.
[ix] Bauman
Zygmunt. Ídem.
[x] Weber
Max La ética protestante y el espíritu capitalista. Colecciónn Ciencias
sociales. P´rometeo libros,2003. Pág45.
[xi] Zeller,
Norberto. Capitalismo, política y trabajo. Notas acerca de la economía, el
Estado y el Trabajo. 2003.
[xii]
Martínez García Beatriz. Ob. Cit.
[xiii] Marx
Karl Crítica a la economía política.
[xiv] Marx
Karl La ideología alemana.
[xv]
Fragmento del tango Haragán de Enrique Delfino y Manuel Romero.
[xvi]
Nefffa, Julio. El trabajo humano, contribuciones al estudio de un valor que
permanece.
[xvii]
Neffa, Julio. Ob. Cit.
[xviii]
Malthus, Tomas Robert ( 1766-1834) Ensayos sobre los principios de la población.
[xix]
Sennett Richard, La cultura del nuevo capitalismo Anagrama.
[xx] Castel
Robert Las trampas de la exclusión, Trabajo y utilidad social Topia Editorial,
colección fichas del siglo XXI.
[xxi] Neffa
Julio. Ob. Cit.
[xxii]
Antunes Ricardo ¿Adiós al trabajo? Ensayo sobre la metamorfosis y el rol
central del mundo del trabajo Ediciones
Herramienta. Buenos aires 2003.
[xxiii]
Rieznik Pablo La pereza y la celebración de lo humano ( el trabajo como
categoría antropológica).
[xxiv] Neffa
Julio. Ob. Cit.
[xxv] Neffa
Julio. Ob. Cit.
[xxvi] Dato
aportado por Zeller durante la clase.
[xxvii]
Antunes Ricardo ¿Adiós al trabajo? Ensayo sobre la metamorfosis y el rol
central del mundo del trabajo Ediciones
Herramienta. Buenos aires 2003.
[xxviii]
Neffa Julio. Ob. Cit.
[xxix]
Antunes Ricardo ¿Adiós al trabajo? Ensayo sobre la metamorfosis y el rol
central del mundo del trabajo Ediciones
Herramienta. Buenos aires 2003.
[xxx]
Nefffa, Julio. El trabajo humano, contribuciones al estudio de un valor que
permanece.
[xxxi] Novo
Leonardo El lugar social del trabajo. En “Trabajo y subjetividad. PAIDÓS.
[xxxii]
Rieznik pablo Las formas del trabajo y la historia una introducción al estudio
de la economía política. Editorial Biblos. 2003. P´g, 97.
[xxxiii]
Propuesto por el general George Marshal en 1947 y aprobado por el Senado en
1948, se aplicó a 16 países europeo. Se destinaron 12.000 millones de dólares.
[xxxiv]
Rieznik Pablo La pereza y la celebración de lo humano ( el trabajo como
categoría antropológica).
[xxxv] Neffa
Juli Cesar La forma institucional relación salarial y su evolución en la
Argentina desde una perspectiva de largo plazo.
En “La economía argentina y su crisis (1976-2001) visiones
institucionalista y regulacionistas.
Miño y Dávila editores. 2004
[xxxvi]
Nefffa, Julio. El trabajo humano, contribuciones al estudio de un valor que
permanece.
[xxxvii] Novo
Leonardo El lugar social del trabajo. En “Trabajo y subjetividad. PAIDÓS.
[xxxviii]
Arceo Nicolás, González Mariana, Mendizábal Nuri y Basualdo Eduardo. El nuevo
patrón de crecimiento y su impacto sobre el mercado de trabajo.
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