jueves, 6 de agosto de 2015

Los trabajadores después de la devaluación

      Luego del colapso de la convertibilidad, y tras un período de incertidumbre, en Argentina comienza un cambio cuantitativo evidente; entre 2003 y 2008 se crean 4 millones de puestos de trabajo[i]. Este dato objetivo, en términos nominales, no presenta mayores discusiones. La controversia se presenta cuando la comparación se hace en términos relativos e históricos. Sucede que desde la década del 60 y hasta finales de la década del 80 la desocupación máxima rondó el 6% de la PEA (Población Económicamente Activa). Desde 1988 comenzó a oscilar entre el 7 y el 9%. En 1995 alcanza un primer pico de 18,4% y tras la devaluación toca el 25%. Así como en el 98 se tomó como un logro que descendiera al 13,2%, en la actualidad se hace lo propio con la baja a menos del 10% (porcentaje que varía según se incluya o no a los beneficiarios de subsidios, antes llamados Plan Trabajar y hoy Argentina Trabaja). Si a las cifras de desempleo se le suman las de subempleo resulta el 7,1% del total de la fuerza laboral en 1980; 13,8% en 1990; 29,7% en 1995; 34,6 % en 2001; 34,4% en 2003; aproximadamente 20% en 2007 (18,5% si se considera ocupados a los receptores de Planes). El logro existe o no, es mayor o menor, según el punto de comparación[ii].
   Asimismo surgen otros  dos aspectos en los cuales las opiniones se diversifican. Por un lado, el salario real de los trabajadores. Al respecto se alzan tanto voces de elogio como de crítica, y la inflación es referencia ineludible en ambos casos. Por otro lado están las condiciones (no salariales) de trabajo. En otras palabras, el nivel de explotación de los trabajadores en afán de obtener la mayor plusvalía posible.
      Según Etchemendy “…,el grado de desarrollo, virtualidad (¿habrá querido decir virtuosismo?) y beneficios que otorga a los trabajadores el modelo sindical argentino tiene poca comparación…” “…la negociación colectiva y el modelo sindical implican ventajas importantes para los trabajadores argentinos.” Entre 2003 y 2009 el salario de los metalúrgicos creció 421% mientras que la inflación del periodo fue %200.[iii] Por su parte, Victoria Basualdo nos cuenta que “…esta recomposición que permitió retornar a los niveles salariales previos a la devaluación, que fue impulsada por un conjunto de medidas de fomento de la negociación colectiva y de políticas de compensación y que fue obtenida por una creciente movilización y organización de los trabajadores, tuvo lugar en un período de incremento de la productividad. Por lo tanto, cuando se observa la distribución funcional del ingreso, se aprecia que la participación de los trabajadores ha experimentado, en estos años, una nueva caída, desde el 31% en 2001 al 28% en 2007. Es decir que, a pesar del descenso del desempleo y de las recomposiciones salariales, se verificó un descenso del 11% de la participación de los trabajadores en el ingreso desde la crisis del 2001[iv].
   Hay acuerdo en que la devaluación fue fundamental para el proceso de recuperación económica. Lo que divide aguas es en qué medida esa recuperación benefició a los trabajadores. “La devaluación implicó una muy significativa transferencia de ingresos hacia el capital, ya que los trabajadores vieron reducido su salario real en, aproximadamente, un tercio por el efecto causado por el aumento de los precios internos sin una contrapartida de los salarios nominales, conduciendo a una acelerada y significativa recomposición de la tasa de ganancia en el conjunto de la economía[v]”. 
     Tomemos como referencia un documento de CENDA[vi]. Nos señala evidentes diferencias con el pasado reciente; disminución de la desocupación (entre 2003 y 2008 se generaron más de cuatro millones de puestos de trabajo), el superávit fiscal y comercial, la tasa de interés negativa en términos reales, la reducción del peso de la deuda externa y la acumulación de reservas.
    No obstante, es prematuro hablar de un cambio en la matriz productiva argentina. Ciertamente, la composición del Producto no ha variado significativamente, ya que la industria manufacturera explica el 17% del PIB, una proporción similar a la de fines de la década de 1990. Al mismo tiempo, el grueso de las exportaciones argentinas sigue originándose en el sector primario, ya que las manufacturas de origen industrial representan el 31% del total, tal como lo hacían en el año 2001.
   Por otra parte, aunque los salarios mejoraron luego del bajón pos-devaluación, siguen siendo inferiores si se los compara en términos históricos. Asimismo el empleo no registrado sigue siendo un asunto a considerar (35% de los asalariados). Así que tenemos el empleo precario e informal, la orientación predominantemente primaria de las exportaciones y también la fuga de capitales como continuidades de los 90.
     El propio documento de CENDA permite inferir que “la herencia” de los noventa no es simplemente algo que soportar. Es también en parte la explicación de la recuperación económica. “…la oportunidad para el surgimiento de una (re)naciente industria sustitutiva se vio reforzada por dos elementos estructurales remanentes del período anterior: por un lado, la existencia de una considerable capacidad productiva ociosa; por el otro, la abundante oferta de mano de obra desocupada y dispuesta a trabajar a niveles salariales extremadamente bajos, ya que las remuneraciones habían sido devastadas por la crisis y la devaluación”.  No menos influyente fue que al tornarse negativa la tasa de interés incentivo las inversiones productivas por sobre las especulativas.
     Féliz[vii]coincide con el documento de CENDA en que la renovada expansión se basó en condiciones estructurales creadas durante la etapa previa. Aunque se diferencia al apostrofar de “saqueo” al usufructo de las riquezas naturales. Asimismo destaca el entramado agroindustrial altamente competitivo conformado en la etapa previa.
     Entre las causas de la “recuperación económica” también cabe incluir, como se lee en el documento de CENDA;   “A partir de 2003 se pusieron en producción algunas de las plantas existentes o se amplió el volumen del producto sin necesidad de recurrir a voluminosas inversiones, al tiempo que la exorbitante desocupación imperante mantenía relativamente deprimido el salario”. También se incluye entre las causas la suba en los precios de los productos del agro. Sin embargo en este aspecto hay discrepancias en cuanto a su aprovechamiento. En este sentido tenemos a Llach[viii] describiendo un marco externo sumamente optimista, con aumento de los precios de las exportaciones y mayores mercados para las mismas. Algo que en CENDA entienden le llaman “viento de cola” aquellos que quieren minimizar la incidencia o los méritos del gobierno. Precisamente, Llach insiste en que las medidas gubernamentales están desaprovechando la oportunidad.
    Paulatinamente los salarios se fueron recuperando. Por ejemplo, entre 2002 y 2004 el  poder ejecutivo otorgó aumentos salariales de suma fija por decreto, arbitrando directamente entre capital y trabajo, y en el 2006 inauguran las negociaciones paritarias con tope acordado entre la CGT, el gobierno y los empresarios[ix].  Los salarios reales de la economía crecieron el 48% desde 2003 hasta fines del 2009. Sin embargo, lo que parece ser un sustancial avance en las condiciones de vida de los trabajadores queda relativizado por la dificultad que ha tenido el poder adquisitivo de los salarios para superar los valores alcanzados durante la década de 1990. Más aún, pese al fuerte crecimiento que experimentó la economía en los últimos años, los salarios reales son relativamente más bajos en comparación con la etapa de las sustitución de importaciones[x].
    De acuerdo con datos del ministerio de Trabajo, el índice de salario  promedio de los trabajadores de empresas privadas, que había caído abruptamente en 2002 comenzó a recuperarse: tomando como año base 2001 = 100, en 2003 era 83; en 2004: 91; en 2005: 97, y en 2006: 106. Pero, aunque en este último año llegaba al nivel de 1998, año en que comenzó la recesión económica, se mantenía en los niveles establecidos desde mediados de la década de 1970[xi].
   Si bien (al 2013) el salario de los trabajadores registrados del sector privado se encuentra un 24,1% por encima del cuarto trimestre de 2001, aún así se trata de salarios muy bajos en términos históricos. Porque en 2001 el salario se encontraba un 44% por debajo del de 1974[xii].  En cuanto a los no registrados (entre un 36% y un 40% del total) , su salario promedio representa la mitad del de los registrados[xiii].
   Teniendo en cuenta estos datos sobre el salario, vale insistir en que desde la salida de la convertibilidad, en base al incremento de la productividad y de una importante declinación del costo salarial, el crecimiento fabril ha dado lugar a una nueva y fuerte transferencia de ingresos desde los trabajadores hacia los capitalistas, sobre todo hacia las grandes empresas y los grupos económicos que controlan exportaciones. Todo lo cual, según Ortiz y Schorr, redundan en una regresividad en la distribución interna del ingreso que marca una continuidad desde 1976[xiv].
    En este sentido, Ortiz y Schorr coinciden con Victoria Basualdo en hacer hincapié en el aumento de la productividad. Porque es necesario pero no suficiente comparar el salario real de una época y otra. En lenguaje llano, es menester observar si acaso el trabajador es más exigido (más explotado) y si esa mayor exigencia tiene su contrapartida en el salario. Lo que el capital cede por un lado, se lo apropia por otro: “Desde el momento en que las luchas de la clase obrera obligaron a imponer una jornada normal, el capital procuró compensar lo que se le prohibía obtener por un incremento progresivo de la jornada de trabajo, intentando recobrar lo perdido a través de un aumento de la cantidad de trabajo gastada en el mismo tiempo. A partir de este momento, la evaluación de la magnitud del trabajo tiene una doble lectura: su duración y su grado de intensidad.(Karl Marx, El Capital).
    A propósito de esto, Clara Marticorena sostiene que la recomposición salarial no ha permanecido ajena a procesos de intensificación del tiempo de trabajo ya sea por la implementación de turnos rotativos, del turno americano o bien la extensión de la realización de horas extras[xv].
   El crecimiento del mercado interno, la creación de puestos de trabajo, y en definitiva la expansión de la industria, encuentran un freno en los bajos salarios necesarios para garantizar altas tasas de ganancias de los sectores exportadores. La inflación constituye en este sentido, una de las precondiciones de la acumulación pos-convertibilidad, al disminuir rápidamente los salarios reales y mantenerlos a un nivel de crecimiento menor que el de la productividad[xvi]. Me interesa resaltar cómo la inflación, así planteada, no es producto de una negligencia o una falla sino que es un requisito, junto con el aumento de la productividad, para mejorar la tasa de ganancia.
  A propósito de la inflación, aquí transcribo parte de un informe del Observatorio de Derecho Social de la CTA fechado en marzo de 2014:
“La inflación de los últimos dos años y la devaluación del peso en 2014 constituyen el fin del proceso iniciado con la reactivación económica post convertibilidad.  Por un lado, se trata de un proceso de expropiación del valor del salario: los trabajadores no lograron durante 2013 contrarrestar la pérdida del poder adquisitivo producto de una inflación mayor al aumento pactado en la ronda negocial. Por otro lado, hubo un intento de disciplinar a los trabajadores y a sus organizaciones mediante la amenaza de la recesión y la pérdida de puestos de trabajo…
…el crecimiento de los niveles inflacionarios provocó que en el año 2013, por primera vez desde la crisis del 2009, los trabajadores experimentaran una caída en el salario real… La persistencia de altos niveles inflacionarios provocó que en el año 2013 el salario real de los trabajadores cayera, en promedio, un 1,5%. Ello se debió a que el aumento nominal fue del 25,1%, inferior a la inflación anual que llegó al 26,9%[xvii].
    En lo que atañe al aumento de la productividad encontramos una clave en la flexibilización de las relaciones laborales. Como ejemplo ilustrativo tomemos a la industria automotriz; Entre 1992 y 1998 la producción de vehículos aumentó 227 %, mientras que el empleo en las terminales tuvo un crecimiento relativamente menor de 49 % .Durante el segundo período expansivo de 2003-2013, la producción de vehículos creció 368 % y el empleo se expandió 190 % entre puntas. La mayor productividad laboral de las terminales se logró mediante ajustes de la jornada laboral a lo largo del año, la reducción de tiempos muertos y la polivalencia[xviii]. Si tomamos estos datos podemos vislumbrar una suerte de continuidad entre los dos momentos históricos.  La misma no es casual ni espontánea. Tiene que ver con lo que Paula Varela define como la contradicción entre la nueva fuerza social de los trabajadores y el mantenimiento de las condiciones de explotación heredadas de los 90[xix].
   Siguiendo a Campos y Campos observamos que en el período 2003-2009 no se produjeron modificaciones sustanciales con relación a la década anterior en cuanto a la flexibilización de las condiciones de trabajo vía CCT (Convenio Colectivo de Trabajo). En términos agregados el 67,3% de los CCT homologados entre 2003 y 2009 (528 sobre un total de 785) presentan al menos una de estas cláusulas. Entre estas cláusulas podemos diferencias las referentes a la jornada laboral y las referentes a la organización del trabajo. En comparación con el período 91-99, las cláusulas sobre organización del trabajo aumentaron del 39,1% (91-99) al 47,8% (03-09). Las de jornada laboral pasaron de 46,7 % (91-99) a 51,6% (03-09)[xx]
    Clara Marticorena también coincide en señalar continuidades con los 90 en la flexibilización laboral. Las modificaciones introducidas en aquellos años sobre el tiempo de trabajo se vincularon con mecanismos de cálculo de jornada en base a promedios y con la posibilidad de disminuir o extender la jornada diaria. Con la potestad del empleador de efectuar cambios de turno, y disponer en general del tiempo del trabajador según las necesidades de la producción. Establecer jornadas promedio es un recurso para eludir el pago de horas extras. Se crea un “banco” de horas y se generan horas en débito y crédito por parte de los trabajadores. Establecida la jornada promedio, las horas se distribuyen en función de la disposición patronal. El establecimiento de jornadas en base a promedio fue habilitado por la ley 24013 del año 1991 que permanece vigente[xxi].
    Otra modalidad de la flexibilidad muy extendida lo constituye la polivalencia funcional. Es decir que el trabajador debe realizar las tareas y funciones que la empresa le asigne. Se eliminan los límites provenientes del sistema de categorías y especializaciones laborales, posibilitando una mayor explotación de la fuerza de trabajo[xxii].
    El sector autopartistas exhibe una gran incidencia de la flexibilidad y rotación laboral y los ritmos intensivos[xxiii].
   Entre 2004 y 2007 se negociaron 813 acuerdos y tan sólo 133 convenios colectivos de trabajo. Es importante diferenciar unos de otros. Los convenios nuevos o que renuevan en forma sustancial a otro precedente y lo sustituyen, regulan el conjunto de las normas laborales. Los Acuerdos modifican parcialmente el contenido del Convenio. La supremacía de los acuerdos tiene que ver con la centralidad de la discusión salarial en desmedro de las discusión por las condiciones de trabajo[xxiv] 
    Julieta Longo concluye que el modelo de crecimiento económico implementado a partir del 2003 tiende a combinar la recomposición económica con el mantenimiento de la precariedad en el mercado laboral. En este sentido, los trabajadores se encuentran en un contexto más favorable para luchar contra las formas precarias de uso y contratación de la fuerza de trabajo, así como para fortalecer y generar distintas formas de organización que permitan revertir las relaciones de fuerzas que primaron en los espacios laborales como producto de la ofensiva neoliberal[xxv]. La misma autora se opone a asociar la precariedad con el empleo no registrado. Para argumentar esta postura, citando a Battistini  alega que la legislación desde la reforma laboral de 1974 (Ley 20.744), corroe la estabilidad en el empleo aún en trabajos con contrato por tiempo indeterminado, ya que con esta ley se habilitan los despidos con causa, y se plantean bajas indemnizaciones para los despidos con causa, así como distintas ambigüedades permiten una utilización de la fuerza de trabajo con amplia flexibilidad, como la introducción de periodos de prueba prolongados[xxvi]. Esta peculiaridad merece ser ampliada más adelante.
    La precariedad es concebida como  una forma en la relación de fuerzas entre capital y trabajo donde el capital avanza y dispone más enteramente del trabajo. Por lo tanto no existiría un momento de no-precariedad versus un momento de precariedad en el mercado laboral, si no distintos grados de precariedad en esta relación de poder. Es una constante y no una excepción del mercado laboral capitalista. La capacidad de disminuir los niveles de precariedad depende del poder que adquieren los trabajadores y sus organizaciones, frente al capital. Al leer estas consideraciones de Longo recuerdo la concepción de sindicato de Ralph Darlington; Los sindicatos están comprometidos dentro del capitalismo, principalmente, como agentes para la mejora de las condiciones en que se explota a los trabajadores, no como agentes que pongan fin a esa explotación. Al limitar la lucha de clases a la búsqueda de reformas, funcionan a partir de la presunción de que los intereses del capital y el trabajo se pueden interrelacionar, con la consecuencia de que las luchas de los trabajadores, aún las de los militantes, deben, en última instancia, dejarse de lado[xxvii].
    Volviendo al ejemplo de la industria automotriz, si el empleo creció proporcionalmente menos que la producción, a su vez en las crisis la reducción de personal acompañó la caída en ventas y producción. Entre 1998 y 2002 la producción cayó 65 % y el empleo en el sector terminal más de 50 % .Como resultado, la productividad por obrero se incrementó 60 % entre 1993 y 2000, y 90 % entre 2002 y 2007.  La intensificación del trabajo se tradujo en crecientes niveles de enfermedades laborales e incapacidades permanentes, que en palabras de los propios trabajadores, los dejan “rotos”[xxviii].
    En relación con esto a continuación se transcribe parte del Art.4 de la ley 26.773(Riesgos del Trabajo) promulgada el 25 de octubre de 2012: Los damnificados podrán optar de modo excluyente entre las indemnizaciones previstas en este régimen de reparación o las que les pudieran corresponder con fundamento en otros sistemas de responsabilidad. Los distintos sistemas de responsabilidad no serán acumulables. El principio de cobro de sumas de dinero o la iniciación de una acción judicial en uno u otro sistema implicará que se ha ejercido la opción…[xxix]. Es decir que un trabajador damnificado, sea por accidente o enfermedad laboral, debe elegir entre la acción judicial o la indemnización que le otorgue la ART.
   El presidente de la Asociación de Abogados Laboralistas, León Piasek opinó que “La eliminación de la denominada doble vía es un chantaje al trabajador. Imaginemos una persona accidentada, con dificultades para desplazarse y encontrar defensa, enfrentándose con corporaciones que mueven 800 millones de pesos anuales, tienen cientos de abogados especializados. Lo mas seguro es que negocie por lo que le dan antes de esperar una sentencia que no demorara menos de un año“[xxx].
         Para delimitar la competencia de las ART, existe un Listado de Enfermedades Profesionales en el cual se figuran varios tipos de cánceres; enfermedades relacionadas con disminución en la audición, con la realización de movimientos repetitivos específicos de la tarea realizada, con la exposición a radiación o a sustancias tóxicas; problemas en la piel, en los huesos, en músculos o tendones; enfermedades relacionadas con la voz, entre las principales.
    Si la enfermedad no se encuentra en el Listado y se sospecha que es producida por el trabajo, hay que realizar la denuncia ante la Aseguradora de Riesgos del Trabajo (ART) o ante el Empleador Autoasegurado (EA). Si la ART o el EA rechaza la denuncia o deriva al trabajador a la obra social, por considerar que la enfermedad no fue causada por el trabajo, será una Comisión Médica la que definirá si se reconoce la enfermedad profesional en ese caso. La misma depende de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), el Organismo del Estado encargado de controlar el cumplimiento de las normas en Salud y Seguridad en el Trabajo colaborando con las administraciones provinciales que tienen la competencia en primer grado para intervenir y fiscalizar el cumplimiento de las normas laborales por parte de los empleadores (entre ellas las de higiene y seguridad)[xxxi].
    Es decir que, si la ART considera que no tiene que hacerse cargo del damnificado, es el Estado a través de la SRT el que define si tiene razón o no. Ese mismo Estado que a través de su brazo legislativo aprobó la ley 26.773 antes transcripta. La misma SRT que a través de su página promociona como un logro la tendencia decreciente de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales (octubre 2014)[xxxii].
   Veamos algunos “números”; En el año 2012 se registraron 60.408 casos en los que el trabajador padeció alguna incapacidad permanente (501 casos se registraron con 0% de incapacidad). La incidencia de este tipo de lesiones fue de 7 casos cada mil trabajadores cubiertos, un 8,0% por encima de aquella del año anterior (6 por mil)En el año 2012, de una población de trabajadores cubiertos promedio de 8.660.094 (4,2% más que el año anterior), se notificaron 661.431 casos a los Registros de Accidentes de trabajo y Enfermedades profesionales. El total de trabajadores fallecidos durante este período ascendió a los 976 trabajadores, de los cuales 562 fueron en ocasión del trabajo (AT/EP). El sector de actividad económica con mayor incidencia de AT/EP de todo el sistema continúa siendo el de la "Construcción", registrando 111,7 trabajadores accidentados por cada mil trabajadores cubiertos, seguido por la "Agricultura, caza, silvicultura y pesca" (84,7%o) y por las "Industrias manufactureras" (80,7%o)[xxxiii].
Índice de incidencia de AT/EP y su variación interanual según sector económico. Trienio 2010-2012
Sector
2010
2011
2012
2010-2011
2011-2012
Manufacturas
85,0
86,9
80,7
2,3%
-7,2%



Fuente: SRT

Variación de los indicadores de accidentabilidad para Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales. 2002-2010
Índice
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010
Por miles
51,7
61,0
67,8
69,0
67,9
67,9
65,3
57,6
54,9




Expresa la cantidad de trabajadores damnificados por el hecho o en ocasión del trabajo en un período de 1 (un) año, por cada mil trabajadores cubiertos.
Fuente: MTEySS - Superintendencia de Riesgos del Trabajo

    Tengamos en cuenta que estos datos pertenecen a trabajadores registrados. Es decir, se supone que son trabajadores que cumplen su labor en condiciones de seguridad e higiene monitoreadas por las ART y en su defecto por la SRT. ¿Qué queda para los demás?  Víctor De Gennaro denunció que las ART sólo cubren al 51% de los trabajadores, dejando afuera a más de ocho millones de trabajadores. La consecuencia es la muerte de 7.000 trabajadores por años por accidentes y enfermedades laborales[xxxiv]. Suena exagerado (y se desea que lo sea) pero a la luz de las estadísticas oficiales, presentadas como un logro, se hace verosímil.
     Más allá de las ART, Hernán Scorofitz desarrolla la siguiente hipótesis que involucra la salud del trabajador: “Tomando como variable el trinomio demanda/venta/consumo de psicofármacos, si durante los períodos más graves de desempleo en nuestro país los antidepresivos oficiaban en el mercado como “solución” farmacológica a los padecimientos psíquicos causados – en parte- por los efectos de la desocupación, la “reactivación” ofreció una “salida” en la reinserción laboral a un costo no menor: la transmutación del padecimiento, del síntoma y/o la angustia: incremento en los ritmos de producción en lugar de desempleo , precarización para reducir costos patronales, flexibilización laboral no declarada y sobre todas las cosas sobreproductividad e inestabilidad laboral. Bajo estas condiciones que promovieron la reducción en la tasas de desempleo (y la reducción de los costos laborales con el consiguiente aumento de la tasas de explotación) podemos comprender por qué el ansiolítico desplazó del podio al antidepresivo en el período histórico iniciado con la asunción de Néstor Kirchner en la Presidencia de la Nación[xxxv].
   Más de 3 millones de argentinos consumen ansiolíticos, lo cual representa el aumento de un 40% durante el período 2003-2013[xxxvi]. La industria farmacéutica fue una gran ganadora en esta década. Observemos esta comparación; en 2009 la rentabilidad de los laboratorios argentinos alcanzó a 18,5 por ciento mientras que el promedio de la economía argentina en su conjunto fue de 6,2 por ciento. Ese año, debido a la crisis internacional, la rentabilidad promedio de los sectores manufactureros de Argentina descendió casi un punto, pero la industria farmacéutica por el contrario trepó 3,2 por ciento con relación al año precedente y sumó cinco años consecutivos de crecimiento de sus índices de rentabilidad[xxxvii].
     De un tiempo a esta  parte las publicidades de analgésicos se han multiplicado. Cada una prometiendo que su producto tiene una acción más rápida que ninguna. Alcanza con ver unas horas de televisión para notarlo. Semejante oferta hace presuponer la demanda.
    Se entiende a la Ergonomía como la “ciencia del trabajo”, que elimina las barreras que se oponen a un trabajo humano seguro, productivo y de calidad mediante el adecuado ajuste de productos, tareas y ambientes a la persona.  Los riesgos a los que están expuestos los trabajadores que desarrollan tareas en terminales automotrices y autopartistas no son ningún misterio.  Dentro de las tareas que se desarrollan en este tipo de industrias hay trabajos que requieren de movimientos repetitivos o forzados del hombro, de aprehensión o de extensión de la mano, o de supinación y prono-supinación, movimientos repetidos o mantenidos de los tendones extensores y flexores de la mano y los dedos. De la adecuada implementación de los controles en la fuente, el medio y en la persona, depende la disminución de los efectos que dichos agentes pueden producir, logrando así unas condiciones de trabajo más seguras y saludables[xxxviii].
     Se conocen los riesgos, existe una SRT que controla, y sin embargo las lesiones se siguen produciendo. La primera sospecha, por no llamarla conclusión, es que es más barato que “se rompan” e indemnizarlos que cuidarlos.  Cuidar a un trabajador es algo muy complejo si se pretende hacerlo bien. Veamos una propuesta al respecto:
     Tage S. Kristensen trabaja en el Instituto Nacional de Salud Laboral en Dinamarca (AMI), dedicado a la investigación estratégica sobre condiciones de trabajo, creado en 1946 y vinculado al Ministerio de Trabajo. Kristensen explica que, para estudiar los riesgos psicosociales en el trabajo, hace ya años se utilizan dos modelos, ambos basados en el concepto de desequilibrio. Uno trata de analizar los desequilibrios entre las demandas de las tareas frente a la capacidad y oportunidades que tiene el trabajador para controlar o influir sobre dichas tareas. El otro se basa en los desequilibrios entre los esfuerzos que hace el trabajador y la recompensa que obtiene a cambio. Ambos modelos han demostrado cómo estos desequilibrios generan graves problemas de salud incluyendo absentismo, accidentes de trabajo, problemas de sueño, consumo de analgésicos, consultas hospitalarias, ansiedad, depresión, enfermedades cardiovasculares y mortalidad general.
    Tal y como nos planteaba Kristensen, es una cuestión de justicia o injusticia en el trabajo. La injusticia tiene efectos negativos sobre la salud. Y al hablar de justicia nos referimos tanto a la justicia distributiva (distribución justa de los salarios, beneficios, compensaciones, etc.), como a la justicia en los procesos (distribución de las tareas y responsabilidades, capacitación) y a la justicia interactiva (trato a los trabajadores y circulación de la información).
Especialmente reveladora resultó la propuesta de Kristensen de lo que llamaba “las seis pepitas de oro” para lograr una organización del trabajo de calidad:
·         Alto nivel de influencia sobre cómo hacer el trabajo, cómo organizar los descansos, con quién trabajar.
·         Alto nivel de sentido: propósito del trabajo, utilidad para la sociedad
·         Alta predictibilidad: disponibilidad de información relevante acerca de cambios y situaciones futuras
·         Buen apoyo social: apoyo práctico y emocional de compañeros y supervisores
·         Recompensas adecuadas: salario, reconocimiento, apreciación, carrera profesional
·         Exigencias adecuadas: cuantitativas, emocionales y sociales[xxxix].
     Claramente estas consideraciones de Kristensen, su propuesta superadora en el cuidado del trabajador, no tienen en cuenta las palabras de Marx en el Capital; “El modo de producción capitalista podría paliar los efectos destructivos que causa la sobrecarga de esfuerzo exigida a los trabajadores. Pero no lo hace porque ello implicaría apartarse de su único objetivo: la obtención de ganancias cada vez mayores”[xl]
         La Ley 20.744 en su artículo 242 establece que Una de las partes podrá hacer denuncia del contrato de trabajo en caso de inobservancia por parte de la otra de las obligaciones resultantes del mismo que configuren injuria y que, por su gravedad, no consienta la prosecución de la relación. Así, la Ley pone al empleador y al trabajador en igualdad de posibilidades de terminar la relación laboral invocando “Justa causa”. La responsabilidad de establecer o no el carácter justo de la causa queda en manos de los jueces.
    La Ley no podría ser tan minuciosa y exhaustiva  como para determina qué es una justa causa en cada caso particular y por eso se deja en manos de los jueces determinarla.  No obstante da por hecho su existencia potencial aludiendo a la misma una y otra vez. En el artículo 245 se lee que el despido dispuesto por el empleador sin justa causa  obliga a éste abonar una indemnización. No deja de ser llamativo que casi a continuación, en el artículo 247, se aclara que En los casos en que el despido fuese dispuesto por causa de fuerza mayor o por falta o disminución de trabajo no imputable al empleador fehacientemente justificada, el trabajador tendrá derecho a percibir una indemnización equivalente a la mitad de la prevista en el artículo 245 de esta ley.
    Es decir, en caso de “malaria” económica se reparten las pérdidas. Ahora, tras leer de principio a fin la Ley, no encontré un artículo en el que se establezca que ante una ganancia extraordinaria el empleador estuviera obligado a compartirla con sus trabajadores.   Si leí en el artículo 68 que el empleador tiene la facultad de disponer suspensiones por razones económicas.  Lo cual se complementa con el artículo 218 que establece que Toda suspensión dispuesta por el empleador para ser considerada válida, deberá fundarse en justa causa[xli], tener plazo fijo y ser notificada por escrito al trabajador. En el artículo 219 se destaca como justa causa la falta o disminución del trabajo no imputable al empleador (emparentado con el art.68 citado), y a razones disciplinarias. Esto último con su polisemia, ambigüedad y subjetividad tanto o más que la susodicha “Justa causa”.
     En el artículo 84, sobre los deberes de diligencia y colaboración del trabajador, se establece que éste debe prestar el servicio con puntualidad y con asistencia regular (algo fácilmente comprobable). Pero se añade que la dedicación debe ser adecuada a las características de su empleo y a los medios instrumentales que se le provee.
    Sin caer en preguntar quién y cómo se establece la dedicación “adecuada” lo relaciono con el artículo 203: El trabajador no estará obligado a prestar servicios en horas suplementarias, salvo… por exigencias excepcionales de la economía nacional o de la empresa, juzgando su comportamiento en base al criterio de colaboración en el logro de los fines de la misma. En definitiva, el trabajador no está obligado pero lo está. De lo contrario se expone a que su dedicación se juzgue como “no adecuada”.
Lo irónico es que según el artículo 204 queda prohibida la ocupación del trabajador desde las trece horas del día sábado hasta las veinticuatro horas del día siguiente, salvo en los casos de excepción previstos en el artículo precedente. ¿Qué clase de prohibición es ésta?
     Si la empresa lo requiere, el trabajador debe hacer horas extras. Si hay problemas económicos (no imputables al empleador, como puede ser una recesión) el trabajador puede ser suspendido.
    Qué lejos está la legislación laboral de la propuesta de Kristensen. Si la sociedad se ha organizado sobre la base del capitalismo o, dicho de otra manera, el capitalismo la ha organizado, es entendible que éste sea la inspiración de sus leyes.



[i]   CENDA, Centro de Estudios Para el Desarrollo Argentino.  Anatomía del nuevo patrón de crecimiento y la encrucijada actual. 2011.
[ii]   Carrera Iñigo Nicolás, La situación de la clase obrera en la Argentina del capitalismo financiero. Revista Theomai, primer semestre de 2009.
[iii]    Etchemendy Sebastian El sindicalismo argentino en la era pos-liberal (2003-2011)
[iv]   Basualdo, Victoria, Los delegados y las comisiones internas en la historia argentina: una mirada a largo plazo, desde sus orígenes hasta la actualidad.
[v]   Arceo Nicolás, Gonzáles Mariana, Mendizábal Nuria y Basualdo Eduardo. El nuevo patróm de crecimiento y su impacto sobre el mercado de trabajo.
[vi]    La macroeconomía en la post-convertibilidad.
[vii]    Féliz Mariano ¿Neo-desarrollismo: más allá del neo-liberalismo? Desarrollo y crisis capitalista en Argentina desde los 90.
[viii]    Lach Ob. Cit.
[ix]   Varela paula, Los sindicatos en la Argentina Kirchnerista: entre la herencia de los 90 y la emergencia de un nuevo sindicato de base.
[x]   CENDA, Centro de Estudios Para el Desarrollo Argentino.  Ob. Cit.
[xi]   Carrera Iñigo Nicolás, La situación de la clase obrera en la Argentina del capitalismo financiero. Revista Theomai, primer semestre de 2009.
[xii]   Observatorio del Derecho Social. Informe anual 2013, Negociación Colectiva, Conflicto Laboral y Mercado de Trabajo. Marzo 2014-
[xiii]   Varela Paula, Los sindicatos en la Argentina Kirchnerista. Entre la herencia de los 90 y la emergencia de un nuevo sindicalismo de base.
[xiv]   Ortiz Ricardo, Schorr Martín, Continuidades y rupturas en el régimen de acumulación del capital en la Argentina: de la valorización financiera al modelo de dólar alto.
[xv]   Marticorena Clara, ¿Qué se negocia en Argentina en la actualidad? Los contenidos de la negociación colectiva. Mayo 2012.
[xvi]   Longo Julieta Los conflictos contra la precariedad ante el resurgimiento de la conflictividad laboral (2006-2010).
[xvii]   Observatorio del Derecho Social. Informe anual 2013, Negociación Colectiva, Conflicto Laboral y Mercado de Trabajo. Marzo 2014-
[xviii]   Mercante Esteban, Bravo Guadalupe, Ortega Lucia. La Izquierda Diario Domingo 10 de agosto 2014  http://www.laizquierdadiario.com  negrita agregada.
[xix]   Varela Paula, Los sindicatos en la Argentina Kirchnerista. Entre la herencia de los 90 y la emergencia de un nuevo sindicalismo de base.
[xx]   Campos Julia, Campos Luis, Hay que dar vuelta el viento como la taba, el que no cambia todo no cambia nada. Acerca de la persistencia de cláusulas de flexibilización en los convenios colectivos de trabajo homologados en la post convertibilidad. Razón y Revolución  nº 20.
[xxi]   Marticorena Clara, ¿Qué se negocia en Argentina en la actualidad? Los contenidos de la negociación colectiva. Mayo 2012.
[xxii]   Campos Julia, Campos Luis, Hay que dar vuelta el viento como la taba, el que no cambia todo no cambia nada. Acerca de la persistencia de cláusulas de flexibilización en los convenios colectivos de trabajo homologados en la post convertibilidad. Razón y Revolución  nº 20
[xxiii]   Mercante Esteban, Bravo Guadalupe, Ortega Lucia. La Izquierda Diario Domingo 10 de agosto 2014 
[xxiv]   Marticorena Ob. Cit.  Mayo 2012
[xxv]   Longo  Julieta Longo Julieta Los conflictos contra la precariedad ante el resurgimiento de la conflictividad laboral (2006-2010).
[xxvi]   Longo Julieta  Las fronteras de la precariedad: Percepciones y sentidos del trabajo de los jóvenes trabajadores precarios de hipermercados Núcleo Básico de Revistas Científicas Argentinas (Caicyt-Conicet)Nº 19, Invierno 2012 .
[xxvii]   Darlington  Ralph   Una reevaluación del debate base versus burocracia
[xxviii]    Mercante Esteban, Bravo Guadalupe, Ortega Lucia. La Izquierda Diario Domingo 10 de agosto 2014  http://www.laizquierdadiario.com Subrayado y negrita agregado.
[xxx]   ACTA, Agencia de noticias de la CTA, lunes 22 de octubre de 2012, “ART un negocio que se alimenta de  sangre obrera“.  http://www.agenciacta.org/spip.php?article6197
[xxxi]   Súper Intendencia de Riesgo de Trabajo (SRT)  Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. Manual de buenas prácticas. Industria Automotriz.
[xxxiii]   SRT  Informe Anual de Accidentabilidad Laboral 2012  Unidad de Estudios Estadísticos. Gerencia de Planificación, Información Estratégica y Calidad de Gestión
[xxxv]   Scorofitz Hernán, Salud Mental y Clase obrera Argentina: “La década insalubre” revista Topía Nº 71, agosto de 2014http://www.topia.com.ar/articulos/salud-mental-y-clase-obrera-argentina-%E2%80%9C-d%C3%A9cada-insalubre%E2%80%9D
[xxxvi]   Observatorio Argentino de Drogas SEDRONAR-Presidencia de la Nación “Una Mirada Específica sobre la Problemática del Consumo de Psicofármacos en Argentina 2012”
[xxxvii]   Asociación Agentes de Propaganda Médica de la República Argentina. Rentabilidad farmacéutica supera en 154 por ciento media del resto de la industria Argentina. 28-04-12.http://apm.org.ar/template.asp?Prensa/2012/04/12-04-28.html
[xxxviii]   Bazzano Paola Riesgos laborales en la industria metalmecánica. 7 de noviembre 2012. https://prezi.com/poickwwmt_hx/riesgos-laborales-en-la-industria-metalmecanica/
[xxxix]   García Ana María Los expertos advierten: La organización del trabajo puede matar. http://www.porexperiencia.com/articulo.asp?num=39&pag=14&titulo=Los-expertos-advierten-La-organizacion-del-trabajo-puede-matar
[xl]    Marx Karl El Capital  Capítulo VIII
[xli]      Negrita añadida.





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