Luego del
colapso de la convertibilidad, y tras un período de incertidumbre, en Argentina
comienza un cambio cuantitativo evidente; entre 2003 y 2008 se crean 4 millones
de puestos de trabajo[i]. Este dato objetivo, en términos nominales, no
presenta mayores discusiones. La controversia se presenta cuando la comparación
se hace en términos relativos e históricos. Sucede que desde la década del 60 y
hasta finales de la década del 80 la desocupación máxima rondó el 6% de la PEA
(Población Económicamente Activa). Desde 1988 comenzó a oscilar entre el 7 y el
9%. En 1995 alcanza un primer pico de 18,4% y tras la devaluación toca el 25%.
Así como en el 98 se tomó como un logro que descendiera al 13,2%, en la
actualidad se hace lo propio con la baja a menos del 10% (porcentaje que varía
según se incluya o no a los beneficiarios de subsidios, antes llamados Plan
Trabajar y hoy Argentina Trabaja). Si a las cifras de desempleo se le suman las
de subempleo resulta el 7,1% del total de la fuerza laboral en 1980; 13,8% en 1990; 29,7%
en 1995; 34,6 % en 2001; 34,4% en 2003; aproximadamente 20% en 2007 (18,5% si
se considera ocupados a los receptores de Planes). El logro existe o no, es mayor o menor, según el
punto de comparación[ii].
Asimismo
surgen otros dos aspectos en los cuales
las opiniones se diversifican. Por un lado, el salario real de los
trabajadores. Al respecto se alzan tanto voces de elogio como de crítica, y la
inflación es referencia ineludible en ambos casos. Por otro lado están las
condiciones (no salariales) de trabajo. En otras palabras, el nivel de
explotación de los trabajadores en afán de obtener la mayor plusvalía posible.
Según
Etchemendy “…,el grado de desarrollo, virtualidad (¿habrá querido decir
virtuosismo?) y beneficios que otorga a los trabajadores el modelo sindical
argentino tiene poca comparación…” “…la negociación colectiva y el modelo
sindical implican ventajas importantes para los trabajadores argentinos.” Entre
2003 y 2009 el salario de los metalúrgicos creció 421% mientras que la
inflación del periodo fue %200.[iii] Por su parte, Victoria Basualdo nos cuenta que “…esta
recomposición que permitió retornar a los niveles salariales previos a la
devaluación, que fue impulsada por un conjunto de medidas de fomento de la
negociación colectiva y de políticas de compensación y que fue obtenida por una
creciente movilización y organización de los trabajadores, tuvo lugar en un
período de incremento de la productividad. Por lo tanto, cuando se observa la
distribución funcional del ingreso, se aprecia que la participación de los
trabajadores ha experimentado, en estos años, una nueva caída, desde el 31% en
2001 al 28% en 2007. Es decir que, a pesar del descenso del desempleo y de las
recomposiciones salariales, se verificó un descenso del 11% de la participación
de los trabajadores en el ingreso desde la crisis del 2001[iv].
Hay acuerdo
en que la devaluación fue fundamental para el proceso de recuperación
económica. Lo que divide aguas es en qué medida esa recuperación benefició a
los trabajadores. “La devaluación implicó una muy significativa transferencia
de ingresos hacia el capital, ya que los trabajadores vieron reducido su
salario real en, aproximadamente, un tercio por el efecto causado por el
aumento de los precios internos sin una contrapartida de los salarios
nominales, conduciendo a una acelerada y significativa recomposición de la tasa
de ganancia en el conjunto de la economía[v]”.
Tomemos
como referencia un documento de CENDA[vi]. Nos señala evidentes diferencias con el pasado
reciente; disminución de la desocupación (entre 2003 y 2008 se generaron más de
cuatro millones de puestos de trabajo), el superávit fiscal y comercial, la
tasa de interés negativa en términos reales, la reducción del peso de la deuda
externa y la acumulación de reservas.
No obstante,
es prematuro hablar de un cambio en la matriz productiva argentina. Ciertamente,
la composición del Producto no ha variado significativamente, ya que la
industria manufacturera explica el 17% del PIB, una proporción similar a la de
fines de la década de 1990. Al mismo tiempo, el grueso de las exportaciones
argentinas sigue originándose en el sector primario, ya que las manufacturas de
origen industrial representan el 31% del total, tal como lo hacían en el año
2001.
Por otra parte, aunque los salarios mejoraron luego
del bajón pos-devaluación, siguen siendo inferiores si se los compara en
términos históricos. Asimismo el empleo no registrado sigue siendo un asunto a
considerar (35% de los asalariados). Así que tenemos el empleo precario e informal,
la orientación predominantemente primaria de las exportaciones y también la
fuga de capitales como continuidades de los 90.
El propio
documento de CENDA permite inferir que “la herencia” de los noventa no es
simplemente algo que soportar. Es también en parte la explicación de la
recuperación económica. “…la oportunidad para el surgimiento de una
(re)naciente industria sustitutiva se vio reforzada por dos elementos
estructurales remanentes del período anterior: por un lado, la existencia de
una considerable capacidad productiva ociosa; por el otro, la abundante oferta
de mano de obra desocupada y dispuesta a trabajar a niveles salariales
extremadamente bajos, ya que las remuneraciones habían sido devastadas por la
crisis y la devaluación”. No menos
influyente fue que al tornarse negativa la tasa de interés incentivo las
inversiones productivas por sobre las especulativas.
Féliz[vii]coincide con el documento de CENDA en que la renovada
expansión se basó en condiciones estructurales creadas durante la etapa previa.
Aunque se diferencia al apostrofar de “saqueo” al usufructo de las riquezas
naturales. Asimismo destaca el entramado agroindustrial altamente competitivo
conformado en la etapa previa.
Entre las
causas de la “recuperación económica” también cabe incluir, como se lee en el
documento de CENDA; “A partir de
2003 se pusieron en producción algunas de las plantas existentes o se amplió el
volumen del producto sin necesidad de recurrir a voluminosas inversiones, al
tiempo que la exorbitante desocupación imperante mantenía relativamente
deprimido el salario”. También se incluye entre las causas la suba en los
precios de los productos del agro. Sin embargo en este aspecto hay
discrepancias en cuanto a su aprovechamiento. En este sentido tenemos a Llach[viii] describiendo un marco externo sumamente optimista,
con aumento de los precios de las exportaciones y mayores mercados para las
mismas. Algo que en CENDA entienden le llaman “viento de cola” aquellos que
quieren minimizar la incidencia o los méritos del gobierno. Precisamente, Llach
insiste en que las medidas gubernamentales están desaprovechando la
oportunidad.
Paulatinamente los salarios se fueron recuperando. Por ejemplo, entre
2002 y 2004 el poder ejecutivo otorgó
aumentos salariales de suma fija por decreto, arbitrando directamente entre
capital y trabajo, y en el 2006 inauguran las negociaciones paritarias con tope
acordado entre la CGT, el gobierno y los empresarios[ix]. Los salarios
reales de la economía crecieron el 48% desde 2003 hasta fines del 2009. Sin
embargo, lo que parece ser un sustancial avance en las condiciones de vida de
los trabajadores queda relativizado por la dificultad que ha tenido el poder
adquisitivo de los salarios para superar los valores alcanzados durante la década
de 1990. Más aún, pese al fuerte crecimiento que experimentó la economía en los
últimos años, los salarios reales son relativamente más bajos en comparación
con la etapa de las sustitución de importaciones[x].
De acuerdo con datos del ministerio de Trabajo,
el índice de salario promedio de los
trabajadores de empresas privadas, que había caído abruptamente en 2002 comenzó
a recuperarse: tomando como año base 2001 = 100, en 2003 era 83; en 2004: 91;
en 2005: 97, y en 2006: 106. Pero, aunque en este último año llegaba al nivel
de 1998, año en que comenzó la recesión económica, se mantenía en los niveles
establecidos desde mediados de la década de 1970[xi].
Si bien (al
2013) el salario de los trabajadores registrados del sector privado se
encuentra un 24,1% por encima del cuarto trimestre de 2001, aún así se trata de
salarios muy bajos en términos históricos. Porque en 2001 el salario se
encontraba un 44% por debajo del de 1974[xii]. En cuanto a
los no registrados (entre un 36% y un 40% del total) , su salario promedio
representa la mitad del de los registrados[xiii].
Teniendo en
cuenta estos datos sobre el salario, vale insistir en que desde la salida de la
convertibilidad, en base al incremento de la productividad y de una importante
declinación del costo salarial, el crecimiento fabril ha dado lugar a una nueva
y fuerte transferencia de ingresos desde los trabajadores hacia los
capitalistas, sobre todo hacia las grandes empresas y los grupos económicos que
controlan exportaciones. Todo lo cual, según Ortiz y Schorr, redundan en una
regresividad en la distribución interna del ingreso que marca una continuidad
desde 1976[xiv].
En este
sentido, Ortiz y Schorr coinciden con Victoria Basualdo en hacer hincapié en el
aumento de la productividad. Porque es necesario pero no suficiente comparar el
salario real de una época y otra. En lenguaje llano, es menester observar si
acaso el trabajador es más exigido (más explotado) y si esa mayor exigencia
tiene su contrapartida en el salario. Lo que el capital cede por un lado, se lo
apropia por otro: “Desde el momento en que las luchas de la clase obrera
obligaron a imponer una jornada normal, el capital procuró compensar lo que se
le prohibía obtener por un incremento progresivo de la jornada de trabajo,
intentando recobrar lo perdido a través de un aumento de la cantidad de trabajo
gastada en el mismo tiempo. A partir de este momento, la evaluación de la
magnitud del trabajo tiene una doble lectura: su duración y su grado de
intensidad.(Karl Marx, El Capital).
A propósito
de esto, Clara Marticorena sostiene que la recomposición salarial no ha
permanecido ajena a procesos de intensificación del tiempo de trabajo ya sea
por la implementación de turnos rotativos, del turno americano o bien la
extensión de la realización de horas extras[xv].
El crecimiento del mercado interno, la creación de puestos de trabajo, y
en definitiva la expansión de la industria, encuentran un freno en los bajos
salarios necesarios para garantizar altas tasas de ganancias de los sectores
exportadores. La inflación constituye en este sentido, una de las
precondiciones de la acumulación pos-convertibilidad, al disminuir rápidamente
los salarios reales y mantenerlos a un nivel de crecimiento menor que el de la
productividad[xvi]. Me interesa resaltar cómo la inflación,
así planteada, no es producto de una negligencia o una falla sino que es un
requisito, junto con el aumento de la productividad, para mejorar la tasa de
ganancia.
A propósito de
la inflación, aquí transcribo parte de un informe del Observatorio de Derecho
Social de la CTA fechado en marzo de 2014:
“La inflación de los últimos dos años y la devaluación
del peso en 2014 constituyen el fin del proceso iniciado con la reactivación
económica post convertibilidad. Por un
lado, se trata de un proceso de expropiación del valor del salario: los
trabajadores no lograron durante 2013 contrarrestar la pérdida del poder
adquisitivo producto de una inflación mayor al aumento pactado en la ronda
negocial. Por otro lado, hubo un intento de disciplinar a los trabajadores y a
sus organizaciones mediante la amenaza de la recesión y la pérdida de puestos
de trabajo…
…el crecimiento de los niveles inflacionarios provocó
que en el año 2013, por primera vez desde la crisis del 2009, los trabajadores
experimentaran una caída en el salario real… La persistencia de altos niveles inflacionarios
provocó que en el año 2013 el salario real de los trabajadores cayera, en
promedio, un 1,5%. Ello se debió a que el aumento nominal fue del 25,1%, inferior
a la inflación anual que llegó al 26,9%[xvii].
En lo que atañe al aumento de la productividad
encontramos una clave en la flexibilización de las relaciones laborales. Como
ejemplo ilustrativo tomemos a la industria automotriz; Entre 1992 y 1998 la producción
de vehículos aumentó 227 %, mientras que el empleo en las terminales tuvo un
crecimiento relativamente menor de 49 % .Durante el segundo período expansivo
de 2003-2013, la producción de vehículos creció 368 % y el empleo se expandió
190 % entre puntas. La mayor productividad laboral de las terminales se
logró mediante ajustes de la jornada laboral a lo largo del año, la reducción
de tiempos muertos y la polivalencia[xviii].
Si tomamos estos datos podemos vislumbrar una suerte de continuidad entre los dos
momentos históricos. La misma no es
casual ni espontánea. Tiene que ver con lo que Paula Varela define como la
contradicción entre la nueva fuerza social de los trabajadores y el
mantenimiento de las condiciones de explotación heredadas de los 90[xix].
Siguiendo a Campos y Campos observamos que en
el período 2003-2009 no se produjeron modificaciones sustanciales con relación
a la década anterior en cuanto a la flexibilización de las condiciones de
trabajo vía CCT (Convenio Colectivo de Trabajo). En términos agregados el 67,3%
de los CCT homologados entre 2003 y 2009 (528 sobre un total de 785) presentan
al menos una de estas cláusulas. Entre estas cláusulas podemos diferencias las
referentes a la jornada laboral y las referentes a la organización del trabajo.
En comparación con el período 91-99, las cláusulas sobre organización del
trabajo aumentaron del 39,1% (91-99) al 47,8% (03-09). Las de jornada laboral
pasaron de 46,7 % (91-99) a 51,6% (03-09)[xx].
Clara
Marticorena también coincide en señalar continuidades con los 90 en la
flexibilización laboral. Las modificaciones introducidas en aquellos años sobre
el tiempo de trabajo se vincularon con mecanismos de cálculo de jornada en base
a promedios y con la posibilidad de disminuir o extender la jornada diaria. Con
la potestad del empleador de efectuar cambios de turno, y disponer en general
del tiempo del trabajador según las necesidades de la producción. Establecer
jornadas promedio es un recurso para eludir el pago de horas extras. Se crea un
“banco” de horas y se generan horas en débito y crédito por parte de los
trabajadores. Establecida la jornada promedio, las horas se distribuyen en
función de la disposición patronal. El establecimiento de jornadas en base a
promedio fue habilitado por la ley 24013 del año 1991 que permanece vigente[xxi].
Otra
modalidad de la flexibilidad muy extendida lo constituye la polivalencia
funcional. Es decir que el trabajador debe realizar las tareas y funciones que
la empresa le asigne. Se eliminan los límites provenientes del sistema de
categorías y especializaciones laborales, posibilitando una mayor explotación
de la fuerza de trabajo[xxii].
El sector autopartistas exhibe una gran
incidencia de la flexibilidad y rotación laboral y los ritmos intensivos[xxiii].
Entre 2004 y
2007 se negociaron 813 acuerdos y tan sólo 133 convenios colectivos de trabajo.
Es importante diferenciar unos de otros. Los convenios nuevos o que renuevan en
forma sustancial a otro precedente y lo sustituyen, regulan el conjunto de las
normas laborales. Los Acuerdos modifican parcialmente el contenido del
Convenio. La supremacía de los acuerdos tiene que ver con la centralidad de la
discusión salarial en desmedro de las discusión por las condiciones de trabajo[xxiv]
Julieta
Longo concluye que el modelo de crecimiento económico
implementado a partir del 2003 tiende a combinar la recomposición económica con
el mantenimiento de la precariedad en el mercado laboral. En este sentido, los
trabajadores se encuentran en un contexto más favorable para luchar contra las
formas precarias de uso y contratación de la fuerza de trabajo, así como para
fortalecer y generar distintas formas de organización que permitan revertir las
relaciones de fuerzas que primaron en los espacios laborales como producto de
la ofensiva neoliberal[xxv]. La
misma autora se opone a asociar la precariedad con el
empleo no registrado. Para argumentar esta postura, citando a Battistini alega que la legislación
desde la reforma laboral de 1974 (Ley 20.744), corroe la estabilidad en el
empleo aún en trabajos con contrato por tiempo indeterminado, ya que con esta
ley se habilitan los despidos con causa, y se plantean bajas indemnizaciones
para los despidos con causa, así como distintas ambigüedades permiten una
utilización de la fuerza de trabajo con amplia flexibilidad, como la
introducción de periodos de prueba prolongados[xxvi]. Esta peculiaridad merece ser ampliada
más adelante.
La precariedad es concebida como
una forma en la relación de fuerzas entre capital y trabajo donde
el capital avanza y dispone más enteramente del trabajo. Por lo tanto no
existiría un momento de no-precariedad versus un momento de precariedad en el
mercado laboral, si no distintos grados de precariedad en esta relación de
poder. Es una constante y no una excepción del mercado laboral capitalista. La
capacidad de disminuir los niveles de precariedad depende del poder que
adquieren los trabajadores y sus organizaciones, frente al capital. Al leer
estas consideraciones de Longo recuerdo la concepción de sindicato de Ralph
Darlington; Los sindicatos están comprometidos dentro del capitalismo,
principalmente, como agentes para la mejora de las condiciones en que se
explota a los trabajadores, no como agentes que pongan fin a esa explotación.
Al limitar la lucha de clases a la búsqueda de reformas, funcionan a partir de
la presunción de que los intereses del capital y el trabajo se pueden
interrelacionar, con la consecuencia de que las luchas de los trabajadores, aún
las de los militantes, deben, en última instancia, dejarse de lado[xxvii].
Volviendo al ejemplo de la industria automotriz, si el empleo creció proporcionalmente menos que la
producción, a su vez en las crisis la reducción de personal acompañó la caída
en ventas y producción. Entre 1998 y 2002 la producción cayó 65 % y el empleo
en el sector terminal más de 50 % .Como resultado, la productividad por obrero
se incrementó 60 % entre 1993 y 2000, y 90 % entre 2002 y 2007. La intensificación del trabajo se tradujo
en crecientes niveles de enfermedades laborales e incapacidades permanentes,
que en palabras de los propios trabajadores, los dejan “rotos”[xxviii].
En relación
con esto a continuación se transcribe parte del Art.4 de la ley 26.773(Riesgos
del Trabajo) promulgada el 25 de octubre de 2012: Los damnificados podrán
optar de modo excluyente entre las indemnizaciones previstas en este régimen de
reparación o las que les pudieran corresponder con fundamento en otros sistemas
de responsabilidad. Los distintos sistemas de responsabilidad no serán
acumulables. El principio de cobro de sumas de dinero o la iniciación de una
acción judicial en uno u otro sistema implicará que se ha ejercido la opción…[xxix].
Es decir que un trabajador damnificado, sea por accidente o enfermedad
laboral, debe elegir entre la acción judicial o la indemnización que le otorgue
la ART.
El presidente
de la Asociación de Abogados Laboralistas, León Piasek opinó que “La
eliminación de la denominada doble vía es un chantaje al trabajador. Imaginemos
una persona accidentada, con dificultades para desplazarse y encontrar defensa,
enfrentándose con corporaciones que mueven 800 millones de pesos anuales,
tienen cientos de abogados especializados. Lo mas seguro es que negocie por lo
que le dan antes de esperar una sentencia que no demorara menos de un año“[xxx].
Para delimitar la competencia de las ART,
existe un Listado de Enfermedades Profesionales en el cual se figuran varios
tipos de cánceres; enfermedades relacionadas con disminución en la audición,
con la realización de movimientos repetitivos específicos de la tarea
realizada, con la exposición a radiación o a sustancias tóxicas; problemas en
la piel, en los huesos, en músculos o tendones; enfermedades relacionadas con
la voz, entre las principales.
Si la
enfermedad no se encuentra en el Listado y se sospecha que es producida por el
trabajo, hay que realizar la denuncia ante la Aseguradora de Riesgos del
Trabajo (ART) o ante el Empleador Autoasegurado (EA). Si la ART o el EA rechaza
la denuncia o deriva al trabajador a la obra social, por considerar que la
enfermedad no fue causada por el trabajo, será una Comisión Médica la que
definirá si se reconoce la enfermedad profesional en ese caso. La misma depende
de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), el Organismo del Estado
encargado de controlar el cumplimiento de las normas en Salud y Seguridad en el
Trabajo colaborando con las administraciones provinciales que tienen la
competencia en primer grado para intervenir y fiscalizar el cumplimiento de las
normas laborales por parte de los empleadores (entre ellas las de higiene y
seguridad)[xxxi].
Es decir
que, si la ART considera que no tiene que hacerse cargo del damnificado, es el
Estado a través de la SRT el que define si tiene razón o no. Ese mismo Estado
que a través de su brazo legislativo aprobó la ley 26.773 antes transcripta. La
misma SRT que a través de su página promociona como un logro la tendencia
decreciente de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales (octubre
2014)[xxxii].
Veamos
algunos “números”; En el año 2012 se registraron
60.408 casos en los que el trabajador padeció alguna incapacidad permanente
(501 casos se registraron con 0% de incapacidad). La incidencia de este tipo de
lesiones fue de 7 casos cada mil trabajadores cubiertos, un 8,0% por encima de
aquella del año anterior (6 por mil)En el año 2012, de una población de
trabajadores cubiertos promedio de 8.660.094 (4,2% más que el año anterior), se
notificaron 661.431 casos a los Registros de Accidentes de trabajo y
Enfermedades profesionales. El total de trabajadores fallecidos durante este
período ascendió a los 976 trabajadores, de los cuales 562 fueron en ocasión
del trabajo (AT/EP). El sector de actividad económica con mayor incidencia de
AT/EP de todo el sistema continúa siendo el de la "Construcción",
registrando 111,7 trabajadores accidentados por cada mil trabajadores
cubiertos, seguido por la "Agricultura, caza, silvicultura y pesca"
(84,7%o) y por las "Industrias manufactureras" (80,7%o)[xxxiii].
Índice de incidencia de AT/EP y su
variación interanual según sector económico. Trienio 2010-2012
|
Sector
|
2010
|
2011
|
2012
|
2010-2011
|
2011-2012
|
|
Manufacturas
|
85,0
|
86,9
|
80,7
|
2,3%
|
-7,2%
|
Fuente: SRT
Variación de los indicadores de accidentabilidad
para Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales. 2002-2010
|
Índice
|
2002
|
2003
|
2004
|
2005
|
2006
|
2007
|
2008
|
2009
|
2010
|
|
Por miles
|
51,7
|
61,0
|
67,8
|
69,0
|
67,9
|
67,9
|
65,3
|
57,6
|
54,9
|
Expresa
la cantidad de trabajadores damnificados por el hecho o en ocasión del trabajo
en un período de 1 (un) año, por cada mil trabajadores cubiertos.
Fuente:
MTEySS - Superintendencia de Riesgos del Trabajo
Tengamos en
cuenta que estos datos pertenecen a trabajadores registrados. Es decir, se
supone que son trabajadores que cumplen su labor en condiciones de seguridad e
higiene monitoreadas por las ART y en su defecto por la SRT. ¿Qué queda para
los demás? Víctor De Gennaro denunció
que las ART sólo cubren al 51% de los trabajadores, dejando afuera a más de
ocho millones de trabajadores. La consecuencia es la muerte de 7.000
trabajadores por años por accidentes y enfermedades laborales[xxxiv]. Suena exagerado (y se desea que lo sea) pero a la
luz de las estadísticas oficiales, presentadas como un logro, se hace
verosímil.
Más allá de
las ART, Hernán Scorofitz desarrolla la siguiente hipótesis que involucra la
salud del trabajador: “Tomando como variable el trinomio
demanda/venta/consumo de psicofármacos, si durante los períodos más graves de
desempleo en nuestro país los antidepresivos oficiaban en el mercado como
“solución” farmacológica a los padecimientos psíquicos causados – en parte- por
los efectos de la desocupación, la “reactivación” ofreció una “salida” en la
reinserción laboral a un costo no menor: la transmutación del padecimiento, del
síntoma y/o la angustia: incremento en los ritmos de producción en lugar de
desempleo , precarización para reducir costos patronales, flexibilización
laboral no declarada y sobre todas las cosas sobreproductividad e inestabilidad
laboral. Bajo estas condiciones que promovieron la reducción en la tasas de
desempleo (y la reducción de los costos laborales con el consiguiente aumento
de la tasas de explotación) podemos comprender por qué el ansiolítico desplazó
del podio al antidepresivo en el período histórico iniciado con la asunción de
Néstor Kirchner en la Presidencia de la Nación[xxxv].
Más de 3
millones de argentinos consumen ansiolíticos, lo cual representa el aumento de
un 40% durante el período 2003-2013[xxxvi].
La industria farmacéutica fue una gran ganadora en esta década. Observemos esta
comparación; en 2009 la rentabilidad de los laboratorios argentinos alcanzó a
18,5 por ciento mientras que el promedio de la economía argentina en su
conjunto fue de 6,2 por ciento. Ese año, debido a la crisis internacional, la
rentabilidad promedio de los sectores manufactureros de Argentina descendió
casi un punto, pero la industria farmacéutica por el contrario trepó 3,2 por
ciento con relación al año precedente y sumó cinco años consecutivos de
crecimiento de sus índices de rentabilidad[xxxvii].
De un tiempo
a esta parte las publicidades de
analgésicos se han multiplicado. Cada una prometiendo que su producto tiene una
acción más rápida que ninguna. Alcanza con ver unas horas de televisión para
notarlo. Semejante oferta hace presuponer la demanda.
Se entiende
a la Ergonomía como la “ciencia del trabajo”, que elimina las barreras que se
oponen a un trabajo humano seguro, productivo y de calidad mediante el adecuado
ajuste de productos, tareas y ambientes a la persona. Los riesgos a los que están expuestos los
trabajadores que desarrollan tareas en terminales automotrices y autopartistas
no son ningún misterio. Dentro de las
tareas que se desarrollan en este tipo de industrias hay trabajos que requieren
de movimientos repetitivos o forzados del hombro, de aprehensión o de extensión
de la mano, o de supinación y prono-supinación, movimientos repetidos o
mantenidos de los tendones extensores y flexores de la mano y los dedos. De la
adecuada implementación de los controles en la fuente, el medio y en la persona,
depende la disminución de los efectos que dichos agentes pueden producir,
logrando así unas condiciones de trabajo más seguras y saludables[xxxviii].
Se conocen
los riesgos, existe una SRT que controla, y sin embargo las lesiones se siguen
produciendo. La primera sospecha, por no llamarla conclusión, es que es más
barato que “se rompan” e indemnizarlos que cuidarlos. Cuidar a un trabajador es algo muy complejo
si se pretende hacerlo bien. Veamos una propuesta al respecto:
Tage S.
Kristensen trabaja en el Instituto Nacional de Salud Laboral en Dinamarca
(AMI), dedicado a la investigación estratégica sobre condiciones de trabajo,
creado en 1946 y vinculado al Ministerio de Trabajo. Kristensen explica que,
para estudiar los riesgos psicosociales en el trabajo, hace ya años se utilizan
dos modelos, ambos basados en el concepto de desequilibrio. Uno trata de
analizar los desequilibrios entre las demandas de las tareas frente a la
capacidad y oportunidades que tiene el trabajador para controlar o influir
sobre dichas tareas. El otro se basa en los desequilibrios entre los esfuerzos
que hace el trabajador y la recompensa que obtiene a cambio. Ambos modelos han
demostrado cómo estos desequilibrios generan graves problemas de salud
incluyendo absentismo, accidentes de trabajo, problemas de sueño, consumo de
analgésicos, consultas hospitalarias, ansiedad, depresión, enfermedades
cardiovasculares y mortalidad general.
Tal y como
nos planteaba Kristensen, es una cuestión de justicia o injusticia en el trabajo.
La injusticia tiene efectos negativos sobre la salud. Y al hablar de justicia
nos referimos tanto a la justicia distributiva (distribución justa de los
salarios, beneficios, compensaciones, etc.), como a la justicia en los procesos
(distribución de las tareas y responsabilidades, capacitación) y a la justicia
interactiva (trato a los trabajadores y circulación de la información).
Especialmente reveladora resultó la propuesta de
Kristensen de lo que llamaba “las seis pepitas de oro” para lograr una organización
del trabajo de calidad:
·
Alto nivel de
influencia sobre cómo hacer el
trabajo, cómo organizar los descansos, con quién trabajar.
·
Alto nivel de
sentido: propósito del trabajo,
utilidad para la sociedad
·
Alta
predictibilidad: disponibilidad de información
relevante acerca de cambios y situaciones futuras
·
Buen apoyo
social: apoyo práctico y emocional de
compañeros y supervisores
·
Recompensas
adecuadas: salario, reconocimiento,
apreciación, carrera profesional
Claramente
estas consideraciones de Kristensen, su propuesta superadora en el cuidado del
trabajador, no tienen en cuenta las palabras de Marx en el Capital; “El modo
de producción capitalista podría paliar los efectos destructivos que causa la
sobrecarga de esfuerzo exigida a los trabajadores. Pero no lo hace porque ello
implicaría apartarse de su único objetivo: la obtención de ganancias cada vez
mayores”[xl]
La Ley
20.744 en su artículo 242 establece que Una de las partes podrá hacer
denuncia del contrato de trabajo en caso de inobservancia por parte de la otra
de las obligaciones resultantes del mismo que configuren injuria y que, por su
gravedad, no consienta la prosecución de la relación. Así, la Ley pone al
empleador y al trabajador en igualdad de posibilidades de terminar la relación
laboral invocando “Justa causa”. La responsabilidad de establecer o no el
carácter justo de la causa queda en manos de los jueces.
La Ley no
podría ser tan minuciosa y exhaustiva como para determina qué es una justa causa en
cada caso particular y por eso se deja en manos de los jueces
determinarla. No obstante da por hecho
su existencia potencial aludiendo a la misma una y otra vez. En el artículo 245
se lee que el despido dispuesto por el empleador sin justa causa obliga a éste abonar una indemnización. No
deja de ser llamativo que casi a continuación, en el artículo 247, se aclara
que En los casos en que el despido fuese dispuesto por causa de fuerza mayor
o por falta o disminución de trabajo no imputable al empleador fehacientemente
justificada, el trabajador tendrá derecho a percibir una indemnización
equivalente a la mitad de la prevista en el artículo 245 de esta ley.
Es decir, en
caso de “malaria” económica se reparten las pérdidas. Ahora, tras leer de
principio a fin la Ley, no encontré un artículo en el que se establezca que
ante una ganancia extraordinaria el empleador estuviera obligado a compartirla
con sus trabajadores. Si leí en el
artículo 68 que el empleador tiene la facultad de disponer suspensiones por
razones económicas. Lo cual se
complementa con el artículo 218 que establece que Toda suspensión dispuesta
por el empleador para ser considerada válida, deberá fundarse en justa causa[xli],
tener plazo fijo y ser notificada por escrito al trabajador. En el artículo
219 se destaca como justa causa la falta o disminución del trabajo no imputable
al empleador (emparentado con el art.68 citado), y a razones disciplinarias.
Esto último con su polisemia, ambigüedad y subjetividad tanto o más que la
susodicha “Justa causa”.
En el
artículo 84, sobre los deberes de diligencia y colaboración del trabajador, se
establece que éste debe prestar el servicio con puntualidad y con asistencia
regular (algo fácilmente comprobable). Pero se añade que la dedicación debe ser
adecuada a las características de su empleo y a los medios instrumentales que
se le provee.
Sin caer en
preguntar quién y cómo se establece la dedicación “adecuada” lo relaciono con
el artículo 203: El trabajador no estará obligado a prestar servicios en
horas suplementarias, salvo… por exigencias excepcionales de la economía
nacional o de la empresa, juzgando su comportamiento en base al criterio de
colaboración en el logro de los fines de la misma. En definitiva, el
trabajador no está obligado pero lo está. De lo contrario se expone a que su
dedicación se juzgue como “no adecuada”.
Lo irónico es que según el artículo 204 queda
prohibida la ocupación del trabajador desde las trece horas del día sábado hasta
las veinticuatro horas del día siguiente, salvo en los casos de excepción
previstos en el artículo precedente. ¿Qué clase de prohibición es ésta?
Si la
empresa lo requiere, el trabajador debe hacer horas extras. Si hay problemas
económicos (no imputables al empleador, como puede ser una recesión) el
trabajador puede ser suspendido.
Qué lejos
está la legislación laboral de la propuesta de Kristensen. Si la sociedad se ha
organizado sobre la base del capitalismo o, dicho de otra manera, el
capitalismo la ha organizado, es entendible que éste sea la inspiración de sus
leyes.
[i] CENDA, Centro de
Estudios Para el Desarrollo Argentino.
Anatomía del nuevo patrón de crecimiento y la encrucijada actual. 2011.
[ii] Carrera Iñigo
Nicolás, La situación de la clase obrera en la Argentina del capitalismo
financiero. Revista Theomai, primer semestre de 2009.
[iii] Etchemendy
Sebastian El sindicalismo argentino en la era pos-liberal (2003-2011)
[iv] Basualdo,
Victoria, Los delegados y las comisiones internas en la historia argentina: una
mirada a largo plazo, desde sus orígenes hasta la actualidad.
[v] Arceo Nicolás,
Gonzáles Mariana, Mendizábal Nuria y Basualdo Eduardo. El nuevo patróm de
crecimiento y su impacto sobre el mercado de trabajo.
[vi] La macroeconomía
en la post-convertibilidad.
[vii] Féliz Mariano ¿Neo-desarrollismo:
más allá del neo-liberalismo? Desarrollo y crisis capitalista en Argentina
desde los 90.
[viii] Lach Ob. Cit.
[ix] Varela paula, Los
sindicatos en la Argentina Kirchnerista: entre la herencia de los 90 y la
emergencia de un nuevo sindicato de base.
[x] CENDA, Centro de
Estudios Para el Desarrollo Argentino.
Ob. Cit.
[xi] Carrera
Iñigo Nicolás, La situación de la clase obrera en la Argentina del capitalismo
financiero. Revista Theomai, primer semestre de 2009.
[xii] Observatorio del
Derecho Social. Informe anual 2013, Negociación Colectiva, Conflicto Laboral y
Mercado de Trabajo. Marzo 2014-
[xiii] Varela Paula, Los
sindicatos en la Argentina Kirchnerista. Entre la herencia de los 90 y la
emergencia de un nuevo sindicalismo de base.
[xiv] Ortiz Ricardo,
Schorr Martín, Continuidades y rupturas en el régimen de acumulación del
capital en la Argentina: de la valorización financiera al modelo de dólar alto.
[xv] Marticorena
Clara, ¿Qué se negocia en Argentina en la actualidad? Los contenidos de la
negociación colectiva. Mayo 2012.
[xvi] Longo Julieta Los
conflictos contra la precariedad ante el resurgimiento de la conflictividad
laboral (2006-2010).
[xvii] Observatorio del
Derecho Social. Informe anual 2013, Negociación Colectiva, Conflicto Laboral y
Mercado de Trabajo. Marzo 2014-
[xviii] Mercante Esteban,
Bravo Guadalupe, Ortega Lucia. La Izquierda Diario Domingo 10 de agosto
2014 http://www.laizquierdadiario.com negrita agregada.
[xix] Varela Paula, Los
sindicatos en la Argentina Kirchnerista. Entre la herencia de los 90 y la
emergencia de un nuevo sindicalismo de base.
[xx] Campos Julia,
Campos Luis, Hay que dar vuelta el viento como la taba, el que no cambia todo
no cambia nada. Acerca de la persistencia de cláusulas de flexibilización en
los convenios colectivos de trabajo homologados en la post convertibilidad.
Razón y Revolución nº 20.
[xxi] Marticorena
Clara, ¿Qué se negocia en Argentina en la actualidad? Los contenidos de la
negociación colectiva. Mayo 2012.
[xxii] Campos Julia,
Campos Luis, Hay que dar vuelta el viento como la taba, el que no cambia todo
no cambia nada. Acerca de la persistencia de cláusulas de flexibilización en
los convenios colectivos de trabajo homologados en la post convertibilidad.
Razón y Revolución nº 20
[xxiii] Mercante Esteban,
Bravo Guadalupe, Ortega Lucia. La Izquierda Diario Domingo 10 de agosto 2014
[xxiv] Marticorena Ob.
Cit. Mayo 2012
[xxv] Longo Julieta Longo Julieta Los conflictos contra
la precariedad ante el resurgimiento de la conflictividad laboral (2006-2010).
[xxvi] Longo Julieta Las fronteras de la
precariedad: Percepciones y sentidos del trabajo de los jóvenes trabajadores
precarios de hipermercados Núcleo
Básico de Revistas Científicas Argentinas (Caicyt-Conicet)Nº 19, Invierno 2012
.
[xxvii] Darlington
Ralph Una reevaluación del
debate base versus burocracia
[xxviii] Mercante
Esteban, Bravo Guadalupe, Ortega Lucia. La Izquierda Diario Domingo 10 de
agosto 2014 http://www.laizquierdadiario.com
Subrayado y negrita agregado.
[xxix] Ministerio de
Economía y Finanzas públicas http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/anexos/200000-204999/203798/norma.htm
[xxx] ACTA, Agencia de
noticias de la CTA, lunes 22 de octubre de 2012, “ART un negocio que se
alimenta de sangre obrera“. http://www.agenciacta.org/spip.php?article6197
[xxxi] Súper Intendencia
de Riesgo de Trabajo (SRT) Ministerio de
Trabajo, Empleo y Seguridad Social. Manual de buenas prácticas. Industria
Automotriz.
[xxxiii] SRT Informe Anual de Accidentabilidad Laboral
2012 Unidad de Estudios Estadísticos.
Gerencia de Planificación, Información Estratégica y Calidad de Gestión
[xxxv] Scorofitz Hernán,
Salud Mental y Clase obrera Argentina: “La década insalubre” revista Topía Nº
71, agosto de 2014http://www.topia.com.ar/articulos/salud-mental-y-clase-obrera-argentina-%E2%80%9C-d%C3%A9cada-insalubre%E2%80%9D
[xxxvi] Observatorio
Argentino de Drogas SEDRONAR-Presidencia de la Nación “Una Mirada Específica
sobre la Problemática del Consumo de Psicofármacos en Argentina 2012”
[xxxvii] Asociación
Agentes de Propaganda Médica de la República Argentina. Rentabilidad
farmacéutica supera en 154 por ciento media del resto de la industria
Argentina. 28-04-12.http://apm.org.ar/template.asp?Prensa/2012/04/12-04-28.html
[xxxviii] Bazzano Paola
Riesgos laborales en la industria metalmecánica. 7 de noviembre 2012. https://prezi.com/poickwwmt_hx/riesgos-laborales-en-la-industria-metalmecanica/
[xxxix] García Ana María
Los expertos advierten: La organización del trabajo puede matar. http://www.porexperiencia.com/articulo.asp?num=39&pag=14&titulo=Los-expertos-advierten-La-organizacion-del-trabajo-puede-matar
[xl] Marx Karl El
Capital Capítulo VIII
No hay comentarios:
Publicar un comentario