jueves, 6 de agosto de 2015

Represión, hiperinflación, desocupación, devaluación… Es el Capitalismo, estúpido...

     Represión, hiperinflación, desocupación, devaluación…    
“Un pasado muy pesado”
     La evolución de los salarios reales por encima de la productividad desde fines de los años sesenta, en un contexto de aumento en la intensidad en el uso del capital, implicó una reducción de la tasa de ganancia. De esta manera, la reducción de los salarios se convirtió en uno de los objetivos inmediatos del gobierno militar. Por eso, a mediados de los años setenta se abandona el modelo sustitutivo de importaciones y se lo reemplaza por un patrón de crecimiento basado en la valorización financiera[i]. Como primera medida se devaluó un 80% la moneda y se congelaron los salarios.  Así se obtuvo una contracción del salario real inédita desde la instalación del modelo sustitutivo de importaciones en los años treinta[ii].
    Antes de continuar es preciso aclarar que la existencia de distintos modelos económicos no implica que se pueda optar libremente entre ellos por conveniencia de algún sector de la sociedad. Los modelos económicos están determinados por la fase particular que atraviesa el capitalismo a nivel mundial[iii]. El generalizado proceso de ajuste, apertura, liberalización y desregulación se enmarcó en una tendencia mundial que estaba operando en esta dirección. Las economías centrales-con Gran Bretaña de Margaret Thatcher y los Estados Unidos de Ronald Reagan como casos paradigmáticos-pusieron en marcha desde mediado de la década de 1970 un proceso de similar espíritu antiestatal y antiobrero[iv]
    La fortaleza del movimiento obrero hacia fines de la década del sesenta es fundamental para analizar la ascendente trayectoria del salario real. Entre 1969 (no casualmente año del Cordobazo) y 1974 los salarios reales se expandieron un 31,1 %, mientras que la productividad creció 14,6%. Como consecuencia, la antes mencionada disminución de la tasa de ganancia[v].
    En el corto plazo las políticas de contracción salarial impuestas por el gobierno de facto permitieron recomponer la tasa de ganancia. Pero se necesitaba más para que la pugna entre capital y trabajo se resolviera a favor del primero en forma irreversible. A partir de 1977 se combinan la reforma financiera, la apertura externa, la sobrevaluación de la moneda y el nuevo contexto internacional para dar comienzo al nuevo patrón de acumulación basado en la valorización financiera. Se desplaza a la producción de bienes industriales destinadas al mercado interno como el eje central de la actividad económica.
    La reforma financiera significó la eliminación de la nacionalización de los depósitos bancarios, de los controles sobre la tasa de interés y de las trabas para el endeudamiento del sector privado en el mercado internacional de capitales. Se modificó uno de los rasgos centrales del modelo anterior, las tasas de interés reales negativas.
     La valorización financiera no se caracterizó sólo por la rentabilidad positiva de las colocaciones financieras sino que éstas presentaron por lo general una rentabilidad mayor que la presente en los sectores productores de bienes. En definitiva, la apertura externa, la sobrevaluación cambiaria y las elevadas tasas de interés internas condujeron a la desaparición progresiva de buena parte del tejido manufacturero desarrollado a lo largo de la segunda fase de la sustitución de importaciones. Imposibilitando, en tales condiciones, competir con los bienes importados, aumentando la desocupación[vi]. (Lo tragicómico es que este último párrafo se podría copiar y pegar más adelante para referirse a la década del noventa).
    Basado en la obra de Jorge Schvarzer[vii]procuraré resumir cómo el gobierno cívico-militar instaurado a partir de marzo del 76, encabezado en materia económica por Martínez de Hoz, minó las posibilidades de Argentina: Altas tasas de interés en un mercado financiero totalmente fuera de control. Depósitos a plazo fijo que podían hacerse a 7 días, libertad total para sacar las divisas del país. El negocio redondo consistía en pedir un crédito en el exterior, depositar a plazo fijo el dinero, ganar , volver a comprar dólares, cuyo precio era fijo, y luego  fugarlos del país. Mientras tanto, el Estado se endeudaba para mantener los dólares necesarios. Por si al negocio le faltara redondez, muchas de las deudas, generadas por créditos pedidos en el exterior por parte de privados, finalmente fueron estatizadas. Ciertamente si somos estrictos no podemos afirmar que este fue el origen de la Deuda Externa, pero sin dudas durante este período se transformo en el condicionante por excelencia de la economía argentina.
     “Numerosos comentarista han hablado del fracaso de la política de Martínez de Hoz debido a su incapacidad para contener la inflación, generar un crecimiento económico razonable, evitar la crisis del sector externo. Dicha falta de resultados es innegable pero el propio término de fracaso supone la voluntad de obtener ciertos objetivos que no se pudieron conseguir. La experiencia de estos años sugiere que la estrategia política de la política económica tenía un objetivo principal en el que no se fracasó y al que se subordinaron todos los otros: ganar y preservar un poder decisivo dentro del país para los representantes más conspicuos de quienes manejan el dinero y las relaciones con los centros financieros internacionales(Jorge Schvarzer).
    En consonancia con esta transcripción, Laura Gilbert y Emilia Roca afirman que el objetivo del modelo económico impulsado por Martínez de Hoz tenía por objetivo modificar la matriz productiva y distributiva que nutría la fuerza del peronismo[viii]. Victoria Baualdo considera a Martínez de Hoz un símbolo de la estrecha relación entre la política económica y la violación a los derechos humanos, porque antes de ser Ministro de Economía había sido presidente de Acindar, una de las empresas en la que la represión a los trabajadores fue más aguda desde 1975 en adelante[ix]
    A propósito de la Deuda Externa, Bresser Pereira afirma que “El hecho histórico nuevo que llevó a las economías de América Latina a una crisis fiscal sin precedentes fue la decisión tomada en los años 70 por gobiernos no populistas-generalmente militares y autoritarios-, con el apoyo de los bancos acreedores, de contraer una enorme deuda externa y a continuación estatizarla”[x]
     Premeditado o no, lo dicho, la Deuda resultó un condicionante que impidió a  Raúl Alfonsín culminar su mandato hiperinflación mediante. Veamos algunos datos ilustrativos:
     Entre 1984 y 1988 se realizaron pagos en concepto de capital e intereses de la deuda externa por aproximadamente 40 mil millones de dólares. Esa deuda que entre 1975 y 1983 había crecido de 7.721 a 45.920 millones de dólares. Pagos solventados principalmente por una combinación de nuevo financiamiento externo, refinanciación de deudas previas, caída en las reservas internacionales y afectación a los recursos públicos[xi]. En 1987 el déficit corriente del balance de pagos superó los 4.200 millones de dólares[xii]. Esta espada de Damocles cerniéndose sobre toda la economía argentina hizo estragos en el salario real de los trabajadores.
    A la hora de explicar el referido déficit, además de la importancia de las sumas requeridas para el pago de intereses y amortizaciones de la deuda externa, debemos considerar los cuantiosos recursos públicos destinados a los múltiples mecanismos de transferencia de éstos hacia el capital concentrado local. El enfrentamiento por la apropiación de los mismos entre los principales grupos económicos de nuestro país y los acreedores externos condujo a un creciente proceso de insolvencia fiscal que desembocó en los dos procesos hiperinflacionarios de finales de los años ochenta y principios de los noventa[xiii].
     A partir de este proceso hiperinflacionario el gobierno se propone la reestructuración del estado, privatizar tal como lo proponían los acreedores (plan Baker primero, plan Brady posteriormente).  Acá es donde Eduardo Basualdo[xiv] nos señala un punto que no merece  pasar inadvertido. Suele imputársele a los 90 en forma impersonal, o al menemismo personalizando, la vocación de convertirse en la profundización del modelo de la valorización financiera. Sin embargo es durante los últimos años del gobierno radical cuando se proponen las reformas que incluyen privatizar. Paradójicamente, impedidas por la oposición del partido político que las llevaría a cabo una vez en el poder. En otra perspectiva, condescendiente quizás, se puede hablar de dilema, o de falta de alternativa ante la conminación. Basualdo nos cuenta del poder de presión que daba a los grupos locales la posibilidad de que éstos repatriaran los fondos fugados,  algo que nunca se concretó. Por otra parte la corrida cambiaria desatada por los bancos extranjeros fue más que una advertencia.
    Con las privatizaciones que finalmente se consumaron a principio de los 90 durante el gobierno de Menem, las facciones dominantes superan sus contradicciones ya que dejan de estar “enfrentadas” para conforman una comunidad de negocios sobre la base de la asociación en la propiedad de las empresas privatizadas. Nótese que el negocio de la fracción acreedora no pasaba simplemente por cobrar. No se inagura una etapa en que la Argentina comienza a saldar su deuda sino todo lo contrario. Como escribe Basualdo, comienza un nuevo ciclo de endeudamiento externo. Al respecto Iñigo Carrera[xv] concretamente nos indica “…el estado no ha desembolsado en ningún momento de sus ingresos corrientes para el pago de la deuda. Al contrario, el estado ha ampliado su endeudamiento externo por encima de los intereses devengados, con lo cual su ingreso neto ha permanecido prácticamente ininterrumpido desde la década del 70”. Es de suyo evidente que la Deuda Externa, lejos de disminuir, aumenta luego de las privatizaciones.
    La progresiva estabilización de la economía, como consecuencia del éxito inicial del plan de convertibilidad, y la masiva entrada de capitales, como resultado del proceso de privatizaciones y de la elevada liquidez presente en los mercados internacionales, permitieron una significativa recuperación de los niveles de actividad y la paulatina recuperación de los salarios reales, generando fuerte apoyo social al proceso de reformas en curso[xvi].
    En tanto Argentina fijaba el tipo de cambio por ley, otros países realizaron devaluaciones que implicaron una apreciación relativa del peso respecto de las monedas de éstos. Lo cual, sumado a la apertura externa, condujo a una importante pérdida de competitividad en los sectores productores de bienes. Así comienza el desmantelamiento del tejido industrial sobreviviente del proceso de apertura y sobrevaluación cambiaria de finales de los años setenta, así como del estancamiento económico de los años ochenta.
     De todos modos no resulta sencillo explicar, especialmente a quienes no vivieron esa etapa, cómo un plan económico que derivó en la peor crisis de la historia se mantuvo durante más de diez años. Tras la devaluación la pobreza alcanzó el 60% de la población y la indigencia a más de un cuarto[xvii]. Por empezar tengamos en cuenta que hoy un 30% de inflación nos parece demasiado, y poco le importa al que va al supermercado si Capitanich, el jefe de gabinete, le echa la culpa a los empresarios[xviii]. En 1989 la inflación anual alcanzó un 4.923,6 %[xix], los precios variaban hora a hora. Con este precedente, el éxito en la contención inflacionaria en los primeros años del gobierno de Menem fue tan veloz como rotundo, y le otorgó un gran prestigio al programa económico desde sus inicios. Pero aparecieron los “efectos secundarios”:
     *La estabilidad cambiaria combinada con una tasa de interés comparativamente elevada reforzó el ingreso de flujos destinados a los negocios financieros.
      * Se tomaban créditos en el exterior y se colocaban las dividas obtenidas en el mercado local; una vez realizada la ganancia, los fondos acumulados se convertían nuevamente en dólares (comprados con pesos sobrevaluados) que posteriormente te giraban al exterior (la historia se repetía, pero no como farsa[xx] sino como copia fiel).
   *El Estado se endeudaba para obtener dólares que luego volcaba masivamente al mercado cambiario para mantener la paridad artificial que se había fijado. Esas divisas abaratadas eran luego apropiadas por los beneficiarios del esquema y nuevamente giradas al exterior.
   * El nivel del tipo de cambio contribuyó a que la producción nacional se encareciera en relación a la extranjera, estimulando las importaciones e impidiendo que alcanzara niveles adecuados de competitividad[xxi].
     Insisto, así planteado cuesta explicar sencillamente cómo se mantuvo el plan económico durante más de diez años. Porque 30.000 desaparecidos dan testimonio de un modo cruel, autoritario y represivo para cambiar el modelo (disolución de la CGT, intervención de sindicatos, detención de dirigentes, secuestro y desaparición de militantes)[xxii] . Sin embargo en 1995 Menem fue reelecto con la promesa de mantenerlo, y es recordado De la Rua con su frase “conmigo, un peso un dólar” que le valió ganar en el 99. La desocupación había alcanzado un pico en el 95, aunque según parece otros factores la disimulaban. Consideremos que “…el desempleo en Argentina fue similar en los segundos semestres de 1995 y 2003 (alrededor del 15 por ciento). Sin embargo, en 1995 la pobreza afectaba al 22,2 por ciento de la población del Gran Buenos Aires, mientras que en la segunda mitad de 2003 el 49,4 por ciento de la población en dicha área era pobre y el 20 por ciento era indigente”[xxiii]. Además en la década del noventa el abaratamiento relativo de los productos alimentarios, como consecuencia de la sobrevaluación cambiaria, permitió morigerar parcialmente la caída en el nivel de vida de la población[xxiv]. Todo lo cual se pierde estrepitosamente tras la devaluación que se da cuando hasta el Fondo Monetario Internacional concuerda en que ya no se puede mantener la paridad artificial[xxv]. No sin antes permitir el “blindaje” y el “megacanje” que, haciendo una relación tiempo-monto, aumentó la deuda externa como nunca en la historia. El megacanje consistió en postergar  los vencimientos de diversas deudas. El blindaje fue un “salvataje” por parte del FMI mediante préstamos para recurrir a las necesidades de financiamiento sin recurrir a los mercados internacionales de crédito[xxvi].
    Para culminar este intento de explicación de la perduración de un modelo que terminó en tan tremenda crisis voy a cita al reputado historiador Mario “Pacho” O´Donnell describiendo los años 90: “Ésta es la década de mayor crecimiento económico de toda la Historia argentina, superando el record anterior registrado en la década del ´20. Como si estas cifras no fueran suficientemente expresivas señalemos que nuestro país duplicó el ritmo de crecimiento de la economía mundial, que fue del 3%. También es el mayor crecimiento de América Latina, exceptuando Chile[xxvii].” Y siguen los elogios… Si O´Donnel no mentía ni exageraba, la frase más adecuada para el momento era “estamos bien pero vamos mal”, al revés de la que Carlos Saúl acuñó en su momento.
   
Es el capitalismo…
    El aumento de la desocupación tiene consecuencia también entre los ocupados. Al crecer el ejército de reserva de desocupados se maximizan las posibilidades del capital para sobreexplotar al trabajador. Además, si la restricción monetaria es “dura” (patrón oro, tasa de cambio fija) resulta necesario que la relación salarial sea flexible[xxviii]. Durante los 90 la flexibilización laboral fue una constante pero llega al paroxismo durante el gobierno de la Alianza: En esta etapa se propusieron la mejora de la competitividad de las exportaciones vía disminución de los costos rebajando los aportes patronales al salario, congelación del salario mínimo y flexibilización de las condiciones de trabajo, lo que fueron obteniendo incluso a través de medios ostensiblemente ilegales y que derivaron en una fuerte crisis política como fue el escándalo de las “coimas” en el Senado para la aprobación de las leyes de flexibilización laboral, que incluyó la renuncia del vicepresidente de la Nación[xxix].
     Desde 2003, los trabajadores en Argentina viven un proceso de fuerte recomposición social y gremial, consistente en la incorporación de alrededor de 4 millones de puestos de trabajo (con su consiguiente obturación relativa del efecto disciplinador del desempleo masivo) y el ejercicio de luchas reivindicativas (con su consiguiente aumento de las expectativas)[xxx]. Cuando ya han transcurrido más de diez años de la salida del modelo llamado de la valorización financiera, el objetivo del presente trabajo es analizar cómo ha resultado el cambio para los trabajadores. Tomar como referencia a Marx (El Capital y otras obras) o a Pablo Rieznik (Las formas del trabajo y la historia) tiene como propósito no caer en la antedicha futbolización de la política. No se trata ni de “La Década Ganada” ni del “Relato”, no se trata de echarle la culpa a ningún “malo de turno”, se trata del capitalismo. Tan simple y tan complejo como eso.
     



[i] Arceo Nicolás, Monsalvo Ana Paula, Wainer Andrés Patrón de Crecimiento y Mercado de Trabajo: Argentina en la post convertibilidad.
[ii] Basualdo Eduardo  Estudios de historia económica argentina. Desde mediados del siglo XX a la actualidad. Siglo XXI Editores/Flacso Buenos Aires. 2006.
[iii] N. Arceo, A. Monsalvo, M. Schorr A. Wainer Empleo y salarios en la Argentina, una visión a largo plazo.
[iv] CENDA Ob. Cit.
[v] N. Arceo, A. Monsalvo, M. Schorr A. Wainer Ob. Cit.
[vi] Ídem.
[vii] Schvarzer Jorge, Martínez de Hoz: La lógica política de la política económica. Ensayos y tesis CISEA.
[viii] Golbert Laura, Roca Emilia, De la Sociedad de Beneficencia a los derechos sociales. Revista De Trabajo. Años 6 número 8 Enero/julio 2010.
[ix] Basualdo, Victoria, Los delegados y las comisiones internas en la historia argentina: una mirada a largo plazo, desde sus orígenes hasta la actualidad.
[x] Bresser Pereira Luiz Carlos, La Crisis de América Latina,¿Consenso de Washington o Crisis Fiscal?. Pensamiento Iberoamenricano, revista de Economía Política, Enero-junio 1991.
[xi]   Arceo, Monsalvo, Schorr, Wainer Empleo y salarios en la Argentina Una visión de largo plazo. Claves para todos. Colección dirigida por José Nun.
[xii]   Damill mario, Frenkel Roberto Restauración  democrática y política económica argentina, 1984-1991
[xiii]   Arceo, Monsalvo, Schorr, Wainer Ob. Cit.
[xiv]  Basualdo Eduardo Sistema político y modelo de acumulación en Argentina. Universidad Nacional de Quilmes Ediciones. 2001
[xv]  Iñigo Carrera Juan La acumulación de capital en la Argentina.
[xvi] Arceo, Monsalvo, Schorr, Wainer Ob. Cit.
[xvii] Golbert Laura, Roca Emilia Ob. Cit.
[xviii] Diario Popular, martes 2 de diciembre de 2014, Pág. 2
[xix] Levit Cecilia, Ortiz Ricardo La hiperinflación argentina: prehistoria de los años noventa. Época, revista argentina de economía política Diciembre 1999.
[xx] Alusión a Marx cuando cita a Hegel  en el capítulo I del Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte.
[xxi] CENDA Ob. Cit.
[xxii] Carrera Nicolás Iñigo La situación de la clase obrera en la Argentina del capital financiero. Revista Theomai 2º semestre de 2009.
[xxiii] Etchemendy Sebastián, Collier Berins Ruth, Golpeados pero de pie. Resurgimiento sindical y neocorporativismo segmentado en Argentina (2003.2007) Postdata 13, agosto/2008.
[xxiv] Arceo Nicolás, Monsalvo Ana Paula, Wainer Andrés Ob. Cit.
[xxv] Ortiz Ricardo, Schorr Martín Ob. Cit.
[xxvi] Golbert Laura, Roca Emilia Ob. Cit.
[xxvii] Prefacio del libro autobiográfico de Carlos Saúl Menem, Universos de mi tiempo, Editorial Atlántida 1999.
[xxviii] Neffa Julio C., La relación salarial, empleo y salarios. La economía argentina y sus crisis (1976-2001) visiones institucionalistas y regulacionistas. Miño y Dávila editores.2004.
[xxix] Ortiz Ricardo, Schorr Martín  Ob. Cit.
[xxx] Varela Paula, Los sindicatos en la Argentina Kirchnerista. Entre la herencia de los 90 y la emergencia de un nuevo sindicalismo de base.

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